| Indice
El rock suena fantástico.
La nueva onda que viene de la Argentina
Entrevista con Claudia De Bella
Conquistaremos el mundo.
Sexo, futuro y videojuegos
Entrevista con José Luis Zárate
La ciencia ficción
como una piedra preciosa. De Venezuela con método
Entrevista con Jorge de Abreu
Ciencia ficción
onírica. Cuando el fantástico habla uruguayo
Entrevista con Pablo Dobrinin
Estrella del porvenir. Escribir
ciencia ficción en Cuba
Entrevista con Yoss
Cuando el metahumano
es incluso frágil.
Encuentro con la ciencia ficción del Cono Sur
Entrevista con Luis Saavedra
Humanidad futura. Schegge
di Futuro nos lleva a Perú
Entrevista con Pedro Félix Novoa Castillo
Fantástico misterio.
Cuando el cuento se inventa por sí mismo
Entrevista con Fabio Ferreras
El retorno de Sergio.
Muñecas rusas
Entrevista con Sergio Gaut vel Hartman
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El rock suena fantástico
La nueva onda que viene de la Argentina
Entrevista con Claudia De Bella
STOCCO: ¿Qué te ha impulsado a
adherir a la propuesta de una antología como Schegge di Futuro,
destinada al público italiano?
DE BELLA: Italia es muy especial para mí,
pues toda mi familia paterna y parte de la materna proviene de ese
país, de Nicotera principalmente, por lo tanto me encanta
que mis cuentos se puedan conocer allí... es como una manera
de regresar a mis orígenes. Además, creo que es muy
importante que se difunda la ciencia ficción latinoamericana
en sitios donde normalmente no se publica.
STOCCO: ¿Cómo se las arregla una
mujer para escribir ciencia ficción en América Latina?
DE BELLA: Supongo que igual que en todas partes
del mundo: a la gente en general le suele parecer un poco raro,
pero no más raro que cuando se trata de un hombre. Hace muchos
años que las mujeres venimos contribuyendo a la ciencia ficción
del continente; sin ir más lejos, entre los mejores escritores
“veteranos” de la Argentina, tenemos a una mujer, Angélica
Gorodischer, que es unánimemente respetada y aclamada. Siempre
me sentí muy cómoda dentro del género. Además,
como en todas las actividades, creo que las mujeres aportamos una
mirada diferente que es absolutamente necesaria.
STOCCO: ¿A tu criterio la ciencia ficción
es un método expresivo eficaz para expresar las contradicciones
sociales y políticas del tu país y de Sudamérica?
DE BELLA: La ciencia ficción es un método
expresivo muy eficaz, punto. No necesariamente se recurre a la ciencia
ficción por las contradicciones nacionales o continentales.
Creo que la flexibilidad, la libertad de imaginación y la
capacidad de tratar absolutamente cualquier conflicto (pasado, presente
o futuro) que nos permite la ciencia ficción la convierten
en el ámbito ideal para desarrollar desde la idea más
trivial hasta la más loca. Por eso me gusta.
STOCCO: ¿Has leído algo de ciencia
ficción italiana? En caso afirmativo, ¿te gusta?
DE BELLA: Lamentablemente no he tenido oportunidad
de leer mucha ciencia ficción italiana actual; tal vez un
puñado de cuentos traducidos aquí y allá. Sí
he leído muchísimo a Italo Calvino, de quien soy fanática
desde que era adolescente.
STOCCO: ¿Cuales son tus modelos literarios?
DE BELLA: Tengo muchos escritores favoritos:
Dick, Sturgeon, Varley, Shepard, Ballard... muchos. Pero mis mayores
modelos son Connie Willis y Ursula LeGuin. Quizás algún
día pueda escribir tan bien como ellas.
STOCCO: En “La humedad” muestras
un estilo decididamente europeo, muy intimista y refinado. ¿Estás
de acuerdo con esta afirmación?
DE BELLA: No lo sé, nunca se me había
ocurrido analizarlo. En todo caso, cuando escribo no estoy pensando
en usar un determinado estilo, sencillamente me sale así.
STOCCO: ¿Qué tema has deseado afrontar,
específicamente, con “La humedad”?
DE BELLA: La enfermedad física y mental
y las distintas maneras que tienen las personas de sobrellevarla.
También quise explorar la posibilidad de la psicoterapia
asistida por la telepatía y tocar el tema de las enfermedades
que podríamos contraer como consecuencia del contacto con
extraterrestres.
STOCCO: Eres también cantante de rock.
¿Quieres hablar de esta experiencia y contarnos cómo
eso encaja o no con tu actividad como escritora de ciencia ficción?
DE BELLA: Son dos actividades perfectamente compatibles.
Como escritora, puedo crear tanto un relato como la letra de una
canción. Cuando canto, la energía física que
despliego en el escenario contrarresta los períodos de inmovilidad
frente a la computadora cuando estoy escribiendo. Además
de estas dos cosas, tengo un trabajo “formal” como traductora
y profesora de inglés. Todo depende de saber organizarse
y darle a cada ocupación su tiempo.
STOCCO: ¿En qué estás trabajando
ahora?
DE BELLA: Estoy elaborando un proyecto que vengo
pensando desde hace mucho y que aún no sé si desembocará
en una novela o en una serie de cuentos o novelas cortas. Es una
ucronía ambientada en Sudamérica. Además, según
se presente la inspiración, siempre estoy escribiendo cuentos
breves, formato que me gusta mucho y al que vuelvo siempre que puedo.
Te agradezco la oportunidad de responder a tus
preguntas para que los lectores italianos me conozcan un poco más.
Estoy muy contenta de formar parte de la Antología
y espero que los lectores disfruten de mi cuento tanto como yo disfruté
escribiéndolo.
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Conquistaremos el mundo
Sexo, futuro y videojuegos
Entrevista con José Luis Zárate
STOCCO: ¿Cómo es que has aceptado
formar parte de una antología dedicada al público
italiano?
ZÁRATE: La verdad, lo que me interesó
es que fuera un e-book. Tan o más grandes que las editoras,
las compañías discográficas han visto su mundo
estremecerse por la descarga (gratuita y no) de materiales por Internet,
Kodak y demás empresas de fotografía tuvieron que
reestructurarse o desaparecer para competir en el mercado digital.
El libro en papel puede estar a punto de convertirse
en tecnología obsoleta como el VHS. Los iPod son simpáticos,
los e-books esperan.
También está la generosa oferta
de traducir los cuentos. La información debe ser libre, pero
la barrera del idioma nos mantiene en islas pequeñas. Al
traducirse uno se pregunta ¿qué opinarán los
lectores italianos de nuestros escritos? ¿Podremos tocarlos
al otro lado del mundo? Espero con impaciencia algún comentario,
una reseña, que alguien lo comente en su blog.
STOCCO: ¿Qué nos puedes decir de
la ciencia ficción en México?
ZÁRATE: Editorialmente, supongo que igual
al resto del mundo. Puertas cerradas para autores noveles, compra
sólo de éxitos de venta mundiales, desconfianza para
géneros alternativos, y todo eso que podría amargarnos
la vida si no es porque existen ya otros canales de distribución.
No hay revista cultural en México que
tenga más lectores que los diversos blogs sobre todo tipo
de temas. Escritores de todo el país intercambian material
sin detenerse en gastos de envío (40 dólares cuesta
mandar una carta a Italia en correo urgente. Así que el intercambio
necesario para armar la antología habría sido realmente
oneroso sin el Internet).
Las computadoras aún son artículo de lujo, por desgracia
los libros también (30 dólares los títulos
de estreno y no en ediciones de lujo).
Antes fueron los fanzines, las revistas hechas
con mimeógrafos, las fotocopias. Un montón de personas
está escribiendo (del género y de lo que quieren)
libres de la obligación de agradar a algún editor.
No ganan un centavo, pero por ello pueden hacer lo que se les da
su regalada gana y eso las hace realmente interesantes.
Podría mencionar a autores que escriben
géneros alternativos. Alberto Chimal por ejemplo, Bernardo
Fernández BEF (historietista también), Gerardo Porcayo,
Verónica Murgia y un largo etcétera, que lentamente
están haciendo una masa crítica que espero estalle
un buen día.
STOCCO: En Schegge di Futuro, tu cuento “Hyperia”
pone el sexo en el centro de la escena. ¿Piensas que el sexo
puede conciliarse con la ciencia ficción?
ZÁRATE: Bueno, el sexo siempre es una
buena compañía.
Lo que me extraña es lo contrario, que
no se mencione más. La descripción de un nuevo entorno
y de nuevos paradigmas mueven nuestros conceptos. La familia nuclear
monogámica patriarcal está, en la actualidad, naufragando
por sus contradicciones internas, algo la substituirá. Tratar
de averiguar los “algos” es enormemente divertido para
un escritor (puedo equivocarme completamente, por supuesto, pero
eso no le quita lo interesante de intentarlo).
STOCCO: En tu cuento abundan las drogas y el
cyborg. ¿Crees de verdad que esto podría ser nuestro
futuro?
ZÁRATE: Lo bueno que tiene el futuro es
que siempre nos agarra por sorpresa. Después de la hilarante
frase del “fin de la historia”, ¿qué se
puede decir?
Hubo una época que parecería que
toda la tecnología buscaba llevarnos al espacio exterior,
hoy lo digital nos lleva al espacio interior, hay una anécdota:
era navidad, día de parientes molestos y fiestas por obligación,
y lo que yo quería era irme con mis amigos de verdad: conecté
la computadora y ahí estaban: líneas escritas, surgiendo.
Las drogas evolucionan, drogas recreativas, drogas para intentar
normalizarnos, drogas de diseño, con interesantes efectos
secundarios, sobre todo las médicas. Que alguien va a descubrir
algo bastante más sorpresivo es cuestión de tiempo
y dinero. Y en el asunto de las drogas lo hay. ¿Gobiernos?
¿Carteles? Oh, claro, El soma de Huxley... se está
tardando. Drogas para convencernos que no nos gustan las drogas...
de existir ya nos lo estarán administrando lo queramos o
no.
El catalogo de maravillas que vendrán
es siempre inexacto y bastante tímido, la realidad nunca
se ha detenido a pensar en la verosimilitud. Actúa y ya.
Pero, claro, eso no quiere decir que debemos
dejar al futuro actuar sin decir por lo menos ay, de vez en cuando.
Vonnegut decía algo muy interesante:
los escritores somos los canarios en las minas. Nuestro papel es
asfixiarnos antes de que sea tarde para los demás.
A veces uno es un canario que empieza a toser
aún antes de estar en la mina. Pero la mina se acerca. Y
es oscura.
STOCCO: Leyendo “Hyperia” me pregunto
cuál podría ser el rol de la mujer en el futuro. ¿Qué
piensas al respecto?
ZÁRATE: Ser profeta sirve de poco (El
tipo del Apocalipsis no cobra derechos y eso que su libro es citado
cada 5 minutos). La verdad no sé cuál será,
pero hay signos preocupantes. Traté de escribir una historia
sobre las muertas de Juárez (el asesinato masivo de mujeres
a lo largo de muchos años); en el argumento todo empezaba
por la contratación de maquilladoras. Las mujeres soportaban
más la explotación y por ende las preferían
para contratarlas. Los hombres resentían ese hecho, ellas
tenían sus míseros salarios y ellos no. Sentían
que ellas les quitaban la oportunidad. Los matrimonios sufrían
la tirantez de que ella ganaba más que él, y se convertían
en cabezas de familia. El rol tradicional empezaba a resquebrajarse.
Todo era distinto a cómo les dijeron que debían ser.
Y la culpable estaba en casa. En las calles. Libre. Y no era justo.
Y alguien debía pagar. Con sangre. Y una muerta fue una desgracia,
y dos también, pero tres son una estadística y cuatro
una costumbre y seis sientan un precedente y siete un rito y ocho
y nueve y diez y once y doce una obligación: así se
debe tratar el asunto con trece y catorce y cien y doscientos. Y
en este punto me deprimí bastante, y me dije que el asunto
ese del rollo patriarcal se está cayendo a pedazos, y los
escombros son bastante peligrosos.
STOCCO: ¿Tú también crees,
como muchos, en el concepto de “singularidad”, como
lo ha propuesto Charles Stross, quien considera a Internet la partera
de una intempestiva y dramática aceleración en la
evolución humana?
ZÁRATE: Internet es una herramienta. El catálogo de
las obsesiones de la humanidad. Un mundo con precipicios y bonitos
paisajes. No más intrínsecamente malvado o bueno que
un guante, como decía Bradbury depende de la mano que lo
enfunde.
La noción misma de humanidad ha cambiado.
Siempre lo hace. Hay modelos a seguir, modelos a evitar y modelos
que se aparecen sin decir “aguas va”.
El mundo interno de Internet es interesante.
Cuando veía lo mucho que se divertían los tipos de
Star Trek en su holocubierta lo único que me preguntaba es:
¿para qué salen? ¿Qué sentido tiene
conquistar nuevos territorios si todo puede ser dado por el mundo
virtual? ¿Por qué son tan retrogrados tecnológicamente,
moral, socialmente y se la pasan diciendo discursos WASP?
Entonces lo supe, los viajeros de la Enterprise
son los parias de su mundo. Son los que piensan que la carne y los
sentidos son la verdad, que debe haber conceptos inamovibles, instituciones
inalienables, que sólo aceptan maravillas existentes y no
construidas por sueños, son los que salen a buscarse fuera
del planeta. Los que negaron la red holocubierta que es el mundo
fuera del Starfleet.
¿Y donde quiero estar yo? En el borde, por supuesto. Lo interesante
está en las áreas grises. Bien lejos de las certezas.
Y es interesante como las certezas de nuestro ayer están
haciéndose polvo ante nuestros ojos.
STOCCO: México tiene una larga frontera común con
los Estados Unidos. ¿Cómo han influido sus modelos
literarios en el campo de la ciencia ficción?
ZÁRATE: Bueno, la influencia de la ciencia
ficción norteamericana se nota en todo el mundo. Uno dice
Asimov y todavía recuerdan quien es. Literariamente no es
más influyente que otras corrientes. En México hay
una interesante tendencia que es no hacer géneros puros,
no limitarse a los ingredientes básicos.
El Mole Poblano es un guiso donde caben especias,
guajolote, fruta picada, chocolate y todo lo que ayude a crear un
sazón nuevo.
En literatura hacemos cosas bastante más osadas.
En mi caso tuve una interesante formación, leí mucho
material norteamericano, pero traducido por españoles y argentinos
en ediciones apresuradas donde, cuando no encontraban un sinónimo
aceptable, ponían algo de argot local (astronautas intergalácticos
diciendo: eres un gilipollas, o extraterrestres que sorprendidos
decían “Que Vaina” y no se referían a
ninguna vaina extraterrestre sino a un argentinismo), axial que
mi propia prosa es bastante singular.
Estados Unidos es un sueño que invade mi país, el
sueño americano, pero también la Pax Américana;
vierten sus desechos tecnológicos en desiertos mexicanos,
planearon un muro tipo Berlín, ofrecen ciudadanía
a quien vaya a sus guerras, pero también es el lugar donde
la más lenta invasión de la historia se está
llevando a cabo, donde celebran con más alegría fiestas
patrias mexicanas (el 5 de mayo, por ejemplo).
Literariamente, nunca ha sido una Meca. (Pienso
—equivocadamente, seguro— que Francia lo es aún.
Montmartre, si pueden creerlo).
STOCCO: Ciencia ficción y mainstream:
en Schegge di Futuro tenemos quizá la demostración
de como la frontera se torna lábil cuando se habla de un
buen cuento. ¿Cuál es tu opinión?
ZÁRATE: Si eres mainstream o escribes
ciencia ficción en México te tratan igual (de mal).
No es posible vivir de regalías literarias
en México, así pues, ¿para qué preocuparse
de la etiqueta?
Yo trato de escribir lo mejor que pueda. Si hay extraterrestres,
bueno, que los haya. O vampiros. O policías. Todos esos monstruos.
¿La ciencia ficción puede ser
tan buena como el mejor mainstream? Sí. ¿El mainstream
puede ser tan malo como la peor novela de ciencia ficción?
Hay más de un ejemplo.
No importa más que las historias. El mecanismo narrativo
debe funcionar.
STOCCO: ¿Cuáles son tus planes
para el futuro?
¿Cuáles son mis planes como autor?
Dominar el mundo.
Ahora bien, el cómo es el problema. Uno desea tener las regalías
de, supongamos, Dan Brown pero ser como John Irving, pero además
una celebridad como Charlie Kaufman, y ser tan cool como Cortazar,
y reservado como Rulfo y erudito como Borges, prolífico como
Dumas y además ser uno mismo.
Por lo menos he logrado
uno de mis objetivos: soy yo mismo; lo demás: en eso estoy.
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La ciencia ficción como una piedra preciosa
De Venezuela con método
Entrevista con Jorge de Abreu
STOCCO: “Método científico”
es un cuento muy breve. Allí se describe un descubrimiento
científico que atormenta al protagonista. ¿Cuál
es la metáfora a la que deseas aludir?
DE ABREU: Es el lado oscuro de la ciencia. Lo que el común
de las personas no asocia con un científico, pero sí
lo hace al hablar de los políticos. La ciencia como cualquier
actividad humana está sujeta a las pasiones, pecados y virtudes
del Homo sapiens, de eso hablo en “Método científico”.
La historia no es nueva, las malas lenguas se ha atrevido a especular
que tal vez Mendel jugó un poquitín con sus datos
para que sus proporciones fueran un poco más “irrebatibles”.
Creo que todos los científicos tenemos presente el caso de
Lysenko en la antigua Unión Soviética, y recientemente
fueron ampliamente divulgados los casos de Eric Poehlman en Estados
Unidos, quien fue condenado a prisión por falsificar datos,
y de Hwang Woo-Suk de Corea del Sur quien también fue descubierto
en el camino torcido.
A esos casos aludo en “Método científico”.
En el relato el protagonista subvierte los mecanismos de la ciencia
y prefiere destruir la evidencia que es contraria a sus ideas (una
suerte de fraude) a aceptar que su hipótesis estaba errada
y contribuir al progreso de su especialidad. Afortunadamente en
nuestra realidad los mecanismos del quehacer científico todavía
funcionan y aunque a veces tarden siempre se aplican los correctivos.
Sin embargo, por alguna razón hay ciertas noches en las que
no puedo dormir.
STOCCO: ¿Quiénes son tus maestros, en materia de ciencia
ficción?
DE ABREU: Con Isaac Asimov mantengo una relación
de amor-odio. Fue el autor que logró mi conversión
tardía a la ciencia ficción; antes de eso no había
visto la “luz”. Sin embargo, como su calidad literaria
es bastante cuestionable, y para empeorar las cosas al final de
su vida quiso forjar una amalgama de todos sus mundos en un solo
universo (con resultados muy lamentables), mi afecto por él
ha sufrido duras pruebas y se encuentra en terapia intensiva desde
hace muchos años.
Aparte de esa dependencia afectiva bastante maltratada,
las historias de Harlan Ellison, Phillip K. Dick, Ursula K. Le Guin,
Fredric Brown, Ray Bradbury, Joe Haldeman y R.A. Lafferty me han
servido de inspiración y en algunos casos han moldeado la
estética de algunos de mis cuentos.
De Venezuela, el único autor prehistórico
(una división arbitraria de la escueta historia de la ciencia
ficción venezolana) que ha influido en mi narrativa es Luis
Britto García.
STOCCO: ¿Cuál es la situación
de la literatura fantástica y de ciencia ficción en
Venezuela, donde tú vives?
DE ABREU: Te la puedo describir por medio de un símil: como
una criatura diminuta, pero valiosa para quienes nos importa.
Desde la década de los ochenta comenzó
tímidamente este movimiento de la literatura de ciencia ficción;
antes de eso la situación del género la he ubicado
en una etapa prehistórica: no había conexión
entre los autores que escribieron esporádicamente una literatura
que se podría clasificar de ciencia ficción, ninguno
de esos autores profundizaron en el género ni parecían
tener conciencia (o interés) de que aquello que ocasionalmente
escribían era ciencia ficción.
Luego de los ochenta el panorama comenzó
a cambiar muy lentamente, apareció una nueva generación
de autores que se había nutrido en la lectura de los clásicos
y estaba identificado con las temáticas y convenciones de
la ciencia ficción. Fue una eclosión simultánea
de varios grupos, aunque sin ninguna relación entre sí.
Como verdaderos fanáticos, todos hacían de todo: escribían,
editaban, divulgaban y sobre todo soñaban ciencia ficción.
Pero en un inhóspito ambiente donde no había editoriales
profesionales, ni siquiera semiprofesionales o aficionadas (aún
hoy la situación es igual de adversa), el cultivo de la literatura
fantástica se reducía a niveles de subsistencia y
en focos bien demarcados de desarrollo: principalmente en Caracas,
la capital. El advenimiento de Internet le brindó a esos
autores la oportunidad de divulgar su obra (incluso las antiguas
revistas en papel se han digitalizado) a una población lectora
mucho más amplia: potencialmente a todo internauta que lea
castellano.
Los representantes de la literatura fantástica
en Venezuela son pocos y ninguno le dedica una fracción significativa
de su tiempo. Generalmente son personas que provienen del campo
de la ciencia y la tecnología, y su actividad literaria tiene
mucho de vocación y pasatiempo. Esos somos nosotros.
La revista digital española Alfa Eridiani
está preparando una antología de autores venezolanos
de ciencia ficción, la espero con ansia pues es una buena
oportunidad para vernos juntos después de mucho tiempo.
STOCCO: Se tiene la impresión de que la
fantasía y la ciencia ficción en Sudamérica
viven mucho de la actividad del blog; ¿hasta qué punto
es importante Internet para ustedes?
DE ABREU: Definitivamente. En los últimos
cinco o seis años parece que hemos pasado algún punto
de inflexión. El gran factor detonante de ese microestallido
es Internet: no sólo son los blogs de autores y conocedores
del género, son las revistas aficionadas, los sitios temáticos,
las asociaciones literarias. Toda una red de contenido que estimula
a los escritores y a los lectores, imprescindibles ambos si queremos
una ecuación balanceada que promueva el crecimiento del género.
La existencia de Internet potencia las comunicaciones entre los
aficionados y permite crear proyectos y grupos de trabajo multinacionales.
La definición de nación se expande y el universo literario
se hace más rico y complejo. Ahora tenemos revistas y sitios
mantenidos por personas de diferentes nacionalidades. Las listas
de colaboradores son una colorida colección de banderas diferentes.
Todo eso es maravilloso y no existía hace un lustro.
Tomando en cuenta que el género fantástico
no arrastra mayorías en ninguna parte y menos en Latinoamérica,
la unión de todos los hispanohablantes en Internet potencia
el número de lectores y escritores, todos salimos ganado
con la variedad… Allí está lo sabroso de esta
realidad.
STOCCO: Por otra parte, en Venezuela y en otros
lugares, los autores de fantasía y ciencia ficción
se frecuentan mucho, se reúnen, forman grupos muy solidarios.
¿Es una impresión acertada o no?
DE ABREU: Es cierto. Pero no sólo se aplica
a los autores, sino también a los fanáticos. De hecho
una reunión de autores es básicamente una reunión
de fanáticos y en Venezuela la producción literaria
de ciencia ficción de la etapa histórica ha pasado
(y sigue pasando) por una necesaria identificación previa
con los máximos exponentes del género. Sucedió
en UBIK, en el lejano 1984, sucedió en los años siguientes
y sucede ahora en las tertulias caraqueñas de ciencia ficción
que organiza la escritora Susana Sussmann (última encarnación
de las reuniones de fanáticos).
No obstante, la preponderancia de Internet en
el quehacer literario del género fantástico actual
hace que la verdadera productividad esté en la red, el contacto
personal tiene una función primordialmente lúdica,
insustituiblemente vital... Siempre que se tenga tiempo.
STOCCO: ¿Cómo te has decidido a
formar parte del grupo de autores de Schegge di Futuro y hacer un
e-book?
DE ABREU: Fue la oportunidad de aparecer publicado
en italiano y que los italianos tuvieran acceso a una muestra de
mi literatura de ciencia ficción. Las recopilaciones de ciencia
ficción latinoamericana en otro idioma no son muy comunes,
por eso la iniciativa de Gianluca Turconi es novedosa y tan importante
para la divulgación de la literatura fantástica que
se escribe actualmente en América Latina. Espero que todos
nosotros tengamos más oportunidades como esa para acercarnos
a los lectores de otras lenguas.
STOCCO: En tu blog te ocupas incluso de fútbol.
¿Te imaginas un cuento fantástico ambientado en el
mundo de la “pelota”?
DE ABREU: En un país como Venezuela, donde
el deporte rey no es el fútbol y el verdadero juego de la
“pelota” es el béisbol, la existencia de un ferviente
admirador del balompié puede ser inspiración para
un relato fantástico.
Ahorita mismo en la lista multicultural Planeta
SF se está hablando sobre ese tema (el fútbol en la
ciencia ficción), ¡y pensar que sólo conocía
un relato de Clarke que tocaba al fútbol! Nunca me había
pasado por la mente meter una cancha de fútbol en una nave
espacial, por pecar de exagerado. Quizás porque mi relación
con el fútbol es más “existencial”, una
forma bonita de definirme como fanático de ese deporte. Je
je je… Sí, había pensado en algunas historias
con el fútbol de trasfondo, pero no tenían nada que
ver con lo fantástico. Viéndolo bien: interesante
prejuicio, ¿no?
STOCCO: Seguramente lo es. Pero dime, ¿cuál
es la novela que te gustaría escribir? ¿Cuál
debería ser el argumento?
DE ABREU: Supongo que algo contradictorio.
Me fascinan las historias épicas. El señor
de los anillos es uno de mis libros de cabecera. Sin embargo, por
pura contradicción la mayoría de mis cuentos son bastante
“domésticos”, se enfocan en la psicología
de los personajes, en la ambigüedad con que nuestras percepciones
pueden filtrar el mundo que nos rodea (creo que eso es muy “dickiano”).
Así que mi hipotética novela partiría de esa
contradicción, un parto bastante problemático.
En realidad nunca me he propuesto muy en serio
lo de escribir una novela, tal vez debido a falta de tiempo o laxitud
crónica de mi parte (y no por las contradicciones de mi vida),
lo más probable es que la criatura abortaría por los
caminos de una historia heroica donde el enfrentamiento más
importante de los protagonistas sería el de las contradicciones
entre las creencias y principios propios que el que eventualmente
pudiera presentarse con sus antagonistas.
Para el que no se haya dado cuenta la palabra
clave aquí parecer ser contradicción.
STOCCO: ¿Cuáles son tus próximos
proyectos?
DE ABREU: Muchos relatos supercortos que saltan
de la pantalla y juegan al escondite conmigo. Como son tan chiquitos
se esconden en sitios bien curiosos y a veces se pierden para siempre.
Son muy traviesos, se me chorrean por las orejas cuando trato de
concentrarme en mi trabajo. Brincan y bailotean sobre los datos
y a veces he encontrado a algunos, los más perversos, tratando
de escamotearme el tiempo que le debo dedicar a la investigación.
Pero son adorables y por eso les dedico todo el tiempo que puedo.
Mientras juego con mi hijo menor de tres años, trato de resolver
la disyuntiva de un hombre moribundo en el foso de un canal marciano.
Cuando estoy redactando la sección de “discusión”
de mi último artículo, debo imaginarme cuantas vidas
tiene un monje de Celayde. Entonces mi esposa rompe el cristal y
me recrimina “¿y cuánto te van a pagar por esos
cuentos?” y yo sonrío y le digo: “tranquila,
que el trabajo con la ciencia me ayuda a sufragar el pasatiempo
de la ciencia ficción”.
Es en esas palabras donde
está la verdadera ciencia ficción.
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Ciencia ficción onírica
Cuando el fantástico habla uruguayo
Entrevista con Pablo Dobrinin
STOCCO: “Los festejos del fin del mundo”
es un cuento breve que a mí
personalmente me ha evocado un cuadro de De Chirico o de Salvador
Dalí: ¿cuánto hay de surrealismo en tu estilo?
DOBRININ: Me gusta mucho De Chirico, sobre
todo en su etapa “metafísica”, que fue la que
deslumbró a los surrealistas. Dalí también,
y Magritte, Max Ernst, Remedios Varo, Picabia, etc.
El surrealismo ha sido muy importante para mí. Tengo muchos
libros de ensayo sobre el surrealismo, y también obras de
Breton, Artaud, Tzara, Eluard y Prevert, además de algunas
antologías, entre las que se destaca por lejos la de un poeta
argentino llamado Aldo Pellegrini, que puso toda su sensibilidad
al servicio de un trabajo maravilloso.
Todo eso ha influido en mí, desde
luego. Pero en lo que respecta a la idea central de dicho cuento,
ella se me ocurrió luego de haber leído a antropólogos
como Mircea Eliade, que estudiaron el significado que algunas comunidades
le otorgaban a las celebraciones de fin de año. Tiene que
ver con ideas como la carnavalización, la orgía como
un llamamiento al caos para provocar la posterior regeneración
del mundo, el tiempo mítico, el eterno retorno, etc. A menudo,
lo que intento es hacer una historia con contenidos profundos, pero
tratando de que esos contenidos no se vean groseramente en la superficie
del relato, porque eso perjudicaría la lectura del mismo.
STOCCO: Al mismo tiempo algunas de las
imágenes son paradójicas, grotescas, como los monstruos
de Bosch. ¿Más que ciencia ficción cultivas
el fantástico, entonces?
DOBRININ: Empecé a escribir a los
once años, imitando el estilo de los cuentistas clásicos:
Poe, Quiroga, Kipling, Chejov, Saki, Maupasant, etc., pero a eso
de los dieciséis o diecisiete me di cuenta que el lenguaje
tenía un poder secreto con el que uno podía explorar
diferentes territorios. Sin darme cuenta de lo que hacía,
escribí relatos que hoy diríamos que tienen mucho
de surrealismo. Desde entonces, me he movido alternativamente hacia
uno y otro extremo del péndulo. Luego me deslumbró
García Márquez, Roberto Arlt, Cortázar, Borges,
y después recién de haber disfrutado todo eso, me
metí de lleno en los autores de ciencia ficción, sobre
todo con la revista española Nueva Dimensión. Mis
autores favoritos son Ballard, por el componente surrealista, Zelazny
por su frescura y Bradbury por el uso poético que hace del
lenguaje. Luego hay una multitud de obras puntuales que me quedaron
grabadas: “La mujer del bosque” de Abraham Merrit, “Los
poderes de Xanadú” de Theodore Sturgeon, “Un
anillo alrededor del sol” de Clifford Simak, “Alas Nocturnas”
de Robert Silverberg, “Un ojo en el cielo” de Philip
K. Dick; bueno la lista sería muy extensa, pero ya vas viendo
por donde van mis gustos. También quiero mencionar a dos
autores que lograron imponerse sobre los estereotipos: el polaco
Stanislaw Lem y sobre todo el español Alfonso Álvarez
Villar, que en su última etapa realizó una obra genial
que aún no ha sido convenientemente valorada. Estudié
tres años de profesorado de literatura, lo que me puso en
contacto con los clásicos. Y también hice periodismo,
que me aportó lo suyo. Todo deja algo en nosotros, y nos
enseña alguna cosa. Finalmente, la suma de todas esas lecturas,
más mis gustos personales, me ha llevado a desarrollar un
concepto que he definido como “Cabalgar la Locura”.
Tiene que ver con el desarrollo de una literatura visceral, profundamente
imaginativa y rica en contenidos, pero que no se agote en lo experimental.
Lo interesante es lograr un producto que sea sumamente atrevido
desde el punto de vista creativo, pero que al mismo tiempo funcione
muy bien como un cuento. Es decir, que tenga una estructura ajustada
a las necesidades, un correcto manejo de los tiempos, de la intensidad,
que no pierda de vista el tema, que utilice el lenguaje de forma
apropiada, y que cuente una historia, es decir, que no se agote
en una reflexión intimista. Volviendo al surrealismo... el
surrealismo, por lo menos el surrealismo estricto, de “receta”,
no me sirve a mí para crear un cuento, ya que el surrealismo
se basa en la escritura automática, en el “recorta
y pega” de los diarios, en los “cadáveres exquisitos”
o en las transcripciones de los sueños. Con eso sólo
es difícil hacer un relato, en el sentido cabal del término,
pero, y aquí viene lo interesante, se puede aprovechar. Todas
esas técnicas que mencioné se pueden utilizar como
base, o como disparadores para un relato. Entonces el resultado
puede ser de una frescura interesantísima. Pero más
allá de estas técnicas o recursos, el surrealismo
puede sernos útil como ejemplo. Si tenemos una actitud creativa
aventurera, si simplemente nos sumergimos en nosotros mismos y nos
abandonamos al placer de crear, habremos dado un paso muy importante.
Hemos visto como un estudiante de música lucha con su instrumento
por arrancarle las notas que se le resisten. Bueno, imaginemos que
ese mismo estudiante podría transformarse en un artista,
recorriendo el pentagrama de su imaginación. Pero para “Cabalgar
la Locura” no alcanza con liberar las alas de la creatividad,
hay que formarse. Dalí dijo una vez algo muy interesante,
que la lección más importante se la había dado
su primer profesor de pintura, cuando él era sólo
un muchacho: le enseñó que debía pintar sin
salirse de la línea. Suena a una broma de Dalí, pero
no es nada de eso. Con esas palabras, lo que quería decirnos
era que más allá de la creatividad que pongamos en
juego, no debemos descuidar los aspectos técnicos, los fundamentos.
Por eso es bueno leer a los clásicos, leer poesía,
y todo lo que nos pueda enriquecer como artistas, no solamente determinados
géneros o subgéneros. Dalí fue uno de los que
logró “Cabalgar la Locura”, no es una tarea sencilla,
pero siempre va a ser un intenso placer intentarlo. Tal vez descubramos
nuestros miedos, nuestras perversiones, nuestros sueños,
pero valdrá la pena si por encima de todo logramos que se
imponga la belleza. En esa aventura creativa puedo inclinarme hacia
lo fantástico, el terror o la ciencia ficción, aunque
lo normal es que se produzca una mezcla de géneros. Pero
sinceramente no es un tema que me preocupe. La buena literatura
siempre va a ser más importante que cualquier género
o subgénero, y a eso es a lo que debemos apuntar.
STOCCO: Tú vives en Uruguay: ¿qué
tipo de aproximación a la literatura fantástica hay
en tu país?
DOBRININ: Actualmente hay de todo, fantástico
clásico, ciencia ficción, fantasy, fantástico
con elementos surrealistas, etc. Como ningún escritor de
estos géneros vive de su arte, eso ha permitido que se expresen
en la forma que les resulte más cómoda, sin tener
que estar pensando en el dinero que podrían obtener por una
obra. En lo que se refiere al caso específico de la ciencia
ficción uruguaya, yo escribí su historia, que por
ahora se viene publicando en entregas en la revista Axxón.
Allí doy cuenta de las novelas, libros de relatos, de ensayos,
de poesía, antologías, etc., todo lo que tenga que
ver con ciencia ficción uruguaya. Ha sido un trabajo de muchos
años, que lo hice sin ningún fin de lucro, sólo
con el afán de contribuir al conocimiento, a la difusión
y al desarrollo de este género en mi país. Así
que si a alguien le interesa leer o publicar algo de lo que allí
escribo, no tiene más que comunicarse conmigo a mi e-mail:
pablodobrinin@hotmail.com.
STOCCO: Fantástico, ciencia ficción,
fantasy: en Italia más de uno mira mal a estos géneros,
definiéndolos políticamente como “de derechas”:
¿cuál es tu pensamiento al respecto?
DOBRININ: Esa afirmación sólo
puede ser fruto de la ignorancia. Es gente que no ha leído
literatura fantástica, ni ciencia ficción, obviamente,
o que ha visto del fantasy sólo sus eventuales aspectos bélicos,
sin darse cuenta que es mucho más importante el trasfondo
mítico. No podemos pasarnos toda la vida defendiendo a estos
géneros, sobre los que hay abundante bibliografía,
y que ya se estudian en universidades y distintas instituciones
educativas por gente idónea. Es mejor que aprovechemos ese
tiempo para crear obras y disfrutarlas.
STOCCO: ¿Por qué has aceptado
formar parte de una antología destinada a un público
italiano, publicada como e-book?
DOBRININ: Bueno, no me perdería
por nada del mundo una oportunidad como esta. Estamos en este mundo
para expresarnos, para conocer gente y hacer amigos. Para disfrutar
de la creación y sumar nuestras propias creaciones. Para
todo eso sirve esta antología y este proyecto. Pero hay algo
más que me parece importantísimo. Me pareció
notable la forma en la que Gianluca Turconi concibió esta
antología, y te voy a explicar por qué. Un amigo que
tengo en Francia, me dijo una vez que para publicar en ese país,
uno debía interiorizarse de sus gustos literarios. Cuando
le pregunté qué era lo que hacían en Francia
me dijo que los temas principales eran la clonación y la
realidad virtual. En lo estilístico —me explicó—
ellos estaban intentando parecerse a los estadounidenses. Quiero
aclararte que este amigo, que además es traductor, me dijo
todo esto porque me aprecia, y quería ayudarme. Incluso valoró
mi obra, pero simplemente me señaló que lo mío
no encajaba en este momento en Francia. Bien, yo escuché
todo esto y le agradecí por haberme informado, pero no por
eso cambié mi estilo. Me dije a mí mismo: el día
que me aprecien, en el sitio que sea, va a ser por mi singularidad,
y no por mis facultades imitativas. A los pocos meses de esa conversación
empecé a navegar en internet. Ya hace dos años que
navego, desde entonces he conseguido publicar varios cuentos en
revistas de Uruguay, Argentina, y en antologías de España,
Francia y ahora por suerte también en Italia. Por eso valoro
esta antología, porque aquí puedo mostrarme como soy.
Luego habrá gente a la que le guste y otra a la que no, pero
eso es inevitable. Para mí lo importante es la autenticidad.
STOCCO: ¿Qué piensas, si
la conoces, de la ciencia ficción italiana?
DOBRININ: Trabajo en una librería,
y la verdad es que no llegan obras de ciencia ficción italiana.
Lo más cercano es Buzzatti y Calvino, de los que sí
hay libros, pero eso no es ciencia ficción. En cambio, sí
llegan libros de autores como Oriana Fallaci, Antonio Tabucchi,
Umberto Eco, Alessandro Baricco, Susanna Tamaro, o Andrea Camilleri,
que aquí se lee bastante. Me da la impresión entonces
que no es un tema de países, sino de géneros. Es una
situación lamentable, que no solamente ocurre con la ciencia
ficción italiana, sino con toda la ciencia ficción
europea, a excepción de la británica. Un ejemplo:
el autor francés más conocido en Uruguay, más
vendido, ¿saben cuál es? Julio Verne. Me imagino que
el mismo desconocimiento ocurre en Europa con respecto a la ciencia
ficción latinoamericana. Por eso es importante el trabajo
que hacen las revistas, como por ejemplo la publicación electrónica
Axxón, difundiendo la ciencia ficción de todo el mundo.
Hoy por hoy, estimo que Axxón es lo más importante
que está ocurriendo en el mundo de la literatura de ficción.
Se necesitan más antologías, editoriales, colecciones,
revistas, y traductores. América y Europa tienen muchísimo
en común, pero esto es algo que se olvida muy fácilmente.
Países como el mío, Uruguay, se han formado sobre
la base de inmigrantes europeos. ¿Por qué entonces,
a veces parece que estuviéramos tan lejos, tan separados
los unos de otros? Obviamente hay un enorme trabajo por hacer. Uno
echa de menos lo que fue Europa en otro tiempo para la cultura,
con sus maravillosas vanguardias, su empuje, y su personalidad.
Estoy convencido de que la globalización debe servir para
comunicarnos mejor, pero no para anular nuestra identidad.
STOCCO: ¿Cuáles son tus modelos
literarios?
DOBRININ: Por todo lo que te he expresado,
no creo en los modelos. Todos los autores que te mencioné
son muy buenos para contribuir a la formación de un escritor,
pero no me gusta pensar en ellos como modelos. Sería paradójico
creer que un escritor que nos impresiona por su originalidad pueda
servirnos de modelo. Diría que son amigos que te encuentras
a lo largo del camino. Nadie puede servirnos de guía cuando
se trata de recorrer nuestros paisajes interiores. Hay algo de viaje
iniciático en el camino del artista. Es una aventura personal.
STOCCO: ¿Has pensado alguna vez
en escribir una obra más larga que un cuento?
DOBRININ: Sí. Tengo una novela inédita que se llama
Onírica, que es una suerte de manifiesto, con algo de novela
contracultural y generacional, entre otras cosas, con muchos elementos
surrealistas. Y también una novela de fantasy que ya la rescribí
como cuatro o cinco veces, pero todavía no me convence. Hace
poco empecé a escribirla de nuevo, desde cero. Ahora creo
que estoy más cerca de conseguirlo, porque siento que por
fin he logrado despertar el alma de la historia. Me gusta, me atrapa
el argumento que allí manejo, pero necesito mucho tiempo
para dedicarme a ella. Por ahora sigo trabajando en cuentos. Me
gustaría poder editar un libro de relatos para este año
o el siguiente, así que voy a moverme en ese sentido.
STOCCO: ¿Qué significa la
ciencia ficción para ti?
DOBRININ: Bueno, podría recordar
una definición de Asimov, de Judith Merril, o de cualquier
otro autor, o referirme a las voces de alerta que la ciencia ficción
ha dado en nuestra sociedad, etc., pero creo que no apunta a eso
tu pregunta. Así que voy recordar algo más personal.
Hace ya unos cuantos años, en plena calle, me puse a charlar
con una persona a la que no había visto más de cuatro
o cinco veces. En determinado momento de la conversación
descubrimos que teníamos la misma afición: a ambos
nos encantaba la ciencia ficción. A la hora de estar hablando
me invitó a pasar a su casa, me mostró sus libros,
y me reseñó los argumentos de algunas obras que le
habían impactado. Yo le hablé también de las
obras que me gustaban, y realmente la pasamos muy bien, estuvimos
horas charlando sobre otras realidades. Cuando salí de su
casa ya era de noche, y el cielo estaba tachonado de estrellas.
Era las mismas estrellas del día anterior, pero al contemplarlas
en ese momento yo sentí que tenían algo distinto.
Por eso me gusta la ciencia ficción, porque ayuda a despertar
el sentimiento de la maravilla que duerme en nosotros.
STOCCO: La situación de Uruguay,
un país pequeño con apenas tres millones y medio de
habitantes, es muy particular, ya que ha desarrollado una identidad
cultural muy notable. ¿Qué hacen los escritores uruguayos
para diferenciarse, o eso no les importa en absoluto?
DOBRININ: Las diferencias deben surgir
naturalmente, inevitablemente, no se pueden inventar, porque de
otra manera serían un engaño que no se podría
sostener.
Hace un tiempo, alrededor de 1996, tuve la idea de redactar en unos
manifiestos mi concepto de “Cabalgar la Locura”, y los
agregué luego a mi novela “Onírica”. De
forma paralela, y sin saber lo que yo había hecho, mi amigo
Bayeto había creado un concepto al que bautizó como
“Onirismo Pragmático”. Al cotejarlos, comprendimos
que había muchas coincidencias entre ambos conceptos, sin
embargo, por una u otra razón, nunca nos sentamos para redactar
unos manifiestos que supusieran la síntesis de ambos, lo
que tal vez nos hubiera ayudado a tener un poco de publicidad extra.
Pero lo importante, es que más allá de los acuerdos,
es obvio que ambos estamos haciendo una ciencia ficción o
fantasía con una fuerte carga onírica, y repartiéndola
por países sudamericanos y europeos. También hay algunas
novelas, escritas por gente que ha incursionado en la ciencia ficción,
que tienen una importante carga onírica, como Apuntes encontrados
en una vieja Cray, de Ana Solari y Guía para un universo,
de Natalia Mardero. También podemos contar algunos cuentos
de gente como Ramiro Sanchíz, Pablo Rodríguez y Rosa
González. O sea que efectivamente hay algo en el aire. De
manera que podríamos decir que —aunque hay de todo
por estos lados— lo más representativo de Uruguay es
algo que al menos provisoriamente podríamos llamar: “
ciencia ficción onírica”.
STOCCO: Conectado con lo anterior o como
una misma pregunta: ¿ha desarrollado el Uruguay una literatura
fantástica con rasgos propios?
DOBRININ: Sí, aunque lógicamente
se trata de un proceso. Es algo que nunca termina, y eso es lo interesante.
Entre 1868-1869 Isidore Ducasse, nacido en Montevideo en 1846, y
conocido como “el Conde de Lautréamont”, escribía
sus célebres Cantos de Maldoror. Fue una verdadera bomba
de tiempo. Tuvieron que pasar muchos años para que los surrealistas
franceses, en el período de entre guerras, liderados por
André Breton, redescubrieran esta joyita, que aún
hoy sigue inspirando a mucha gente. No es exactamente narrativa,
pero por momentos parece contar cierta historia. Es una obra de
una poética salvaje. Es en cierto sentido inclasificable,
Rubén Darío calificó a su autor como “raro”,
término que aún se utiliza en Uruguay. Los surrealistas
por su parte vieron en los Cantos un antecedente formidable de todo
lo que iban a hacer ellos después. “Todo está
ahí” decía el propio Breton. A mí también
me ha impactado, desde luego. Recuerdo que hace unos años
yo escribía en una revista uruguaya de ciencia ficción,
surrealismo y otros temas: “Lautréamont... No importa
que la idiotez haya secuestrado tu arte, la poesía respira
por las heridas. Tú despreciaste la altanería del
maestro y construiste la gramática del deseo. Domador de
monstruos, jinete de la locura. Con tu voz oscura como los sueños
del primer río del mundo, nos guiaste hacia las puertas...
Aún hoy, la noche mira a través de tus ojos”.
Pueden tener la certeza de que esa misma admiración que yo
sentía y siento por Lautréamont, es compartida por
muchos escritores en Uruguay. Y actualmente en mi país, ningún
crítico se atrevería a negar el valor de los Cantos.
Pero en su momento no fue apreciado, como era de suponerse.
Luego vendría Horacio Quiroga,
con cuentos realistas, pero alternando con algunos relatos fantásticos,
y hasta una novela corta de ciencia ficción como “El
Hombre artificial”. Pero no hubo una continuidad en otros
escritores, algo que permitiera pensar en ese momento que se estaba
gestando un proceso en la ciencia ficción o siquiera en la
literatura fantástica uruguaya. Pero Quiroga fue importantísimo
en otro sentido. Si Lautréamont puede representar el paradigma
de una poética inagotable, que nos invita a saltar al vacío,
Quiroga encarna el método y la mesura. Tras beber en los
cuentistas clásicos como Poe, Kipling, etc, Quiroga desarrolla
en su famoso “Decálogo del perfecto cuentista”
(y también en sus cuentos más logrados) algo que podría
ser interpretado como una síntesis de las “verdades”
que se hoy en día se enseñan en los talleres literarios.
Para algunos críticos, como Rómulo Cosse, el realismo
hegemónico comienza a trastocarse a partir de 1940, como
una respuesta a los cambios sociales. El realismo persiste, pero
comienza a desarrollarse una tendencia rupturista en expansión.
Allí —entre los que cultivaron con mayor o menor asiduidad
lo fantástico— tenemos a autores como Felisberto Hernández,
Armonía Somers, Mario Levrero, Tarik Carson, Héctor
Galmés, etc. Los cambios no son sólo temáticos,
sino también estilísticos. Tenemos entonces variantes
estructurales y sintácticas, alternancia de narradores, falta
de certezas, una ruptura del realismo, de las explicaciones racionales,
un manejo más libre del lenguaje, intertextualidad, etc.
De alguna manera, el modelo de sociedad armónica se resquebraja
a partir de las guerras mundiales, y de la crisis de valores, como
sucedió en el resto del mundo, y esa ruptura, esa distancia
que se toma respecto a la confianza en el progreso, se traslada
también a la literatura. Esto sucede no solamente con los
escritores que se acercaron a lo fantástico, sino también
con el resto. De hecho, y para ser más exactos, esa ruptura
del realismo hegemónico, comienza para muchos en 1939, con
la aparición de “El pozo” de Onetti. En Uruguay
específicamente, entre esos cambios sociales que se reflejan
en la literatura, habría que considerar la crisis económica
que se inicia a partir de los años cincuenta y la dictadura
militar que va del 73 al 85.
Mi opinión personal es que la literatura
uruguaya de ficción se ha construido a partir de estos dos
paradigmas: Lautréamont-Quiroga. Aunque vale la pena recordar
que los Cantos de Maldoror no es exactamente narrativa, y se ha
dicho mil veces que es una obra que se resiste a todo intento de
clasificación, pero ha Precisamente, por su condición
de “plasma disolvente influido en los narradores. “
como la calificó Breton, es que constituye un paradigma.
El paradigma Quiroga persiste lo más campante, el paradigma
Lautréamont cobra más fuerza a partir de 1940, pero
como era lógico esperar, entre ambos se desarrolla un diálogo
permanente. Los escritores uruguayos han tenido entonces la maravillosa
posibilidad de desplazarse alternativamente de uno a otro paradigma,
teniendo la certeza de que ambos son considerados literatura. Por
otra parte, en Uruguay, el género no realista, a veces dividido
por los estudiosos en “raro”, “maravilloso”,
o “fantástico”, no fue sistemáticamente
negado por la crítica, como pudo haber ocurrido en otros
países. Simplemente era visto como literatura. Nunca hubo
colecciones que le pusieran etiquetas a la ficción, separándola
en ciencia ficción, fantástico, o lo que fuera. De
hecho, palabras como ciencia ficción o fantasy, apenas eran
mencionadas. Con el tiempo vendría después el desarrollo
de la ciencia ficción. Aquí ya nos encontramos con
autores como Carlos María Federici o Gabriel Mainero, verdaderos
pioneros en ese sentido. Ya sobre ellos pesa otro tipo de influencias,
la de autores como Asimov, Clarke, Bradbury, etc. Vale decir, están
muy lejos del paradigma Lautréamont. Federici y Mainero,
parecen escribir a partir de la ciencia ficción, sobre todo
anglosajona, y no de la sociedad que los rodea. El cuento más
conocido de Federici, “Primera necesidad”, publicado
en multitud de antologías internacionales, no transcurre
en Montevideo, sino en... Nueva York! Esto ocurre al principio,
porque después, el propio Federici se animará a colocar
un héroe latinoamericano en un cuento como “El Nexo
de Maeterlinck”, si bien el suyo es un país inventado:
“Maraguay”. Más decidido, Mainero, con su relato
“El plumero”, propondrá su idea de “ciencia
ficción nativista”, basada en el empleo de mitos locales.
Estos dos autores tienen además otro concepto del relato,
distinto a la literatura fantástica que surge después
de 1940. No se cierran sobre si mismos, en cuentos introspectivos
o en meros planteos de situaciones, se preocupan de contar una historia,
en desarrollar una acción, por eso asumen una escritura más
lineal. Y lógicamente también recurren al repertorio
de temas e iconos de la ciencia ficción. Eso es lo que les
permite conectarse con la corriente general del género, apareciendo
en antologías de distintos países, o en revistas de
España o Italia. Eso no quita que un autor como Levrero,
precisamente por su originalidad, haya sido invitado a participar
en varias antologías de ciencia ficción, con un cuento
divertidísimo como “Caza de Conejos” que puede
ser cualquier cosa menos realismo o ciencia ficción. Volviendo
a Federici y Mainero, hay que decir que para ellos, fue particularmente
importante la revista española Nueva Dimensión, aunque
hubo muchas otras. Federici comenzó a publicar en ella a
partir del número 3.
Si bien por un lado la falta de etiquetas
fue positiva desde el momento en que no marginaba a los autores,
por otro lado fue perjudicial a la hora de intentar comercializar
y difundir sus obras. Por eso fue necesario que los autores se proyectasen
hacia afuera, creándose la paradoja de que a veces eran más
conocidos en el exterior que en su propio país. Un escritor
extraordinario como Tarik Carson, fue en Argentina redescubierto
como autor de ciencia ficción. Lo interesante, es que Carson
es un autor distinto, que arrastra otro tipo de influencias. Según
sus propias palabras, recién en 1984 conoce a los autores
que “florecieron a partir de Hugo Gernsback”. La ciencia
ficción de este autor, más que preocuparse de los
cambios tecnológicos, hace una extrapolación crítica
y sarcástica de la sociedad actual. Bueno, decía que
estos autores —Federici, Mainero y Carson— pueden ser
considerados los pioneros de la ciencia ficción uruguaya.
¿Qué pasó después, cuál fue el
siguiente paso? Después de la dictadura militar uruguaya
(1973-1985), surge un intento natural por expresarse, lo que provoca
un gran empuje de revistas y publicaciones de todo tipo, generalmente
políticas. Entre esas publicaciones surge la primera revista
uruguaya de ciencia ficción: “Diaspar” (1988
a 1995). Tenemos a autores como Roberto Bayeto, Pablo Rodríguez,
Claudio Pastrana, Héctor Álvarez, Ramiro Sanchíz,
Rosa González, Cristina Chagas, y yo mismo. Esta publicación
duró sólo tres números, pero fue muy germinal,
por los cientos de reuniones que se realizaron, y a partir de ahí,
algunos de estos autores se lanzaron a publicar en mercados extranjeros.
Hoy en día hay autores uruguayos
publicando en Axxón, como Tatiana Carsen o Enrique Castillo,
entre otros; algunos de ellos radicados en Argentina. Y queda feo
que me mencione a mí mismo, pero actualmente, los que más
estamos publicando fuera de Uruguay somos Bayeto y yo. Diría
que lo nuestro se podría definir, como adelantaba, con el
rótulo de “ ciencia ficción onírica”.
Una ciencia ficción también con ingredientes míticos
y antropológicos, y capaz de contemplar variantes estructurales
y estilísticas. Entre los temas menciono: la búsqueda
de conocimiento, la alienidad, la muerte, la crítica social,
las realidades múltiples, la evolución, el arte, etc.
A menudo, presentamos también imágenes no precisamente
realistas de Montevideo o Uruguay. Y el paradigma Lautréamont
vuelve así a presentarse, aunque enriquecido con los conceptos
de “Cabalgar la Locura” y el “Onirismo Pragmático”.
STOCCO: ¿Cómo ves los intentos
de difusión de la literatura fantástica a nivel continental
y mundial desde la perspectiva de un país como Uruguay?
DOBRININ: Creo que no hay quejarse. Hoy
más que nunca es hora de trabajar. Las publicaciones electrónicas
dan unas posibilidades que antes no había. Luego, una vez
que estas publicaciones logren un gran número de lectores,
podrán lanzarse a la edición en papel. A punto de
comenzar ese proceso está la propia Axxón, según
tengo entendido.
En estos momentos, Axxón está
a la cabeza de todas las publicaciones a nivel incluso mundial,
porque no existe ninguna revista que publique tanto material de
ficción y de ensayo, de una cantidad tan importante de países.
Y es bueno que así sea, porque la gente que dirige esta revista,
pone el acento en la calidad literaria de los textos, y no en la
pertenencia a tal o cual género.
El hecho de que Carson haya podido expresarse
en revistas de ciencia ficción argentina, habla muy bien
de dichas publicaciones, porque demuestran su apertura mental. Son
capaces de acoger, sin ningún complejo de culpa, a autores
que no siguen los pasos de los escritores anglosajones, cosa que
no ocurre en otros sitios. Yo creo que esto sucede, por la sencilla
razón de que en Argentina, también en Uruguay, digamos
entonces en el río de la Plata, existieron autores que cultivaron
una literatura fantástica de una extraordinaria calidad:
Quiroga, Borges, Cortázar, Bioy Casares, Felisberto Hernández,
y Levrero, por sólo mencionar a los más importantes,
que actuaron como espejos para el resto de los escritores. Y también
porque existen críticos literarios e investigadores especializados
en lo fantástico, de un nivel excelente, gente como Pablo
Capanna, Elvio Gandolfo y Sergio Gaut vel Hartman, entre otros.
Algunos publicaban mucho en “El Péndulo”, una
revista que fue considerada por el especialista Sam J. Lundwall,
como la mejor revista de ciencia ficción del mundo. Esas
cosas no suceden por casualidad.
Lo importante entonces, para el desarrollo
no sólo de las literaturas nacionales, sino también
de las regionales o continentales, es que existan buenos escritores,
y que además se pueda contar con críticos e historiadores
que apuntalen esos procesos. El papel de la crítica no debe
subestimarse. A veces se plantea la dicotomía escritor-crítico,
afirmando que los segundos son escritores frustrados. Eso es una
tontería que se derrumba tan pronto caemos en la cuenta que
existieron escritores notables que también realizaron trabajos
críticos, caso de Borges o Cortázar, por sólo
mencionar a dos de los más importantes. Y además,
los críticos no deben ser necesariamente torpes, ya hemos
visto que los hay de un nivel excelente.
Ya me cansé de esperar que los
editores de mi país hagan algo al respecto. Así que
la alternativa que veo es hacer en un futuro una revista electrónica
y también seguir apuntando al exterior. Hay un puñado
muy interesante de escritores que se ha apartado del género
por falta de motivación y de oportunidades, y me consta que
algo similar ocurre en otros sitios. Pienso que con una publicación
digital los tendríamos a todos de nuevo, y podríamos
darle oportunidades a los nuevos escritores. Por lo pronto, estoy
tratando de convencer a algunos autores de que no se queden tan
estáticos, y comprueben por ellos mismos que “ahí
afuera” hay un mundo dispuesto a recibirlos. También
es fundamental hacer vínculos entre asociaciones, revistas
y países; realizar proyectos conjuntos, etc. Las posibilidades
que brinda internet me entusiasman mucho.
Hoy en día, hay una cantidad interesantísima
de escritores, no sólo en América latina y Europa,
sino también en otras regiones del globo. Y por lo que sucede
con Axxón, que ya ha llegado a los cinco millones de visitas,
es obvio que también hay mucha gente que se interesa en este
tipo de literatura. Creo que ha llegado la hora de aprovechar el
momento excepcional que estamos viviendo para la cultura, y conseguir
que todas esas fuerzas dispersas se cristalicen en proyectos concretos.
Tengo algunas ideas al respecto, que sería bueno cotejar
con la de otras personas. Pero es un tema tan amplio que sería
mejor tratar en otro momento.
arriba
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Estrella del porvenir
Escribir ciencia ficción en Cuba
Entrevista con Yoss
STOCCO: Tú eres cubano. ¿En tu
país la ciencia ficción es vista como evasión
de la realidad o como una literatura comprometida con lo social?
YOSS: ¿No te parecería una respuesta
conciliadora y evasiva si te digo que de ambas formas? En Cuba,
por mucho tiempo la ciencia ficción fue una literatura de
la que la cultural oficial desconfiaba, porque a veces describía
futuros no tan luminosos ni tan comunistas como los de la propaganda
oficial del Partido Comunista, sino sombríos y pesimistas.
Esos funcionarios que tanto criticaban como escapista a la ciencia
ficción perdían de vista el hecho de que una de las
funciones sociales de este género es justamente advertir,
para que esos futuros hipotéticos no se conviertan en reales.
Por otro lado, siempre se vio a cierto tipo de
ciencia ficción como una manera de hacer publicidad a las
bondades de la sociedad perfecta del futuro, el comunismo desarrollado,
y en esa tónica se publicó mucha y muy optimista,
pero literariamente pésima ciencia ficción.
Y ni que decir tiene que en estos tiempos especialmente
convulsos que vive ahora Cuba, tras la caída del socialismo
real europeo, hablar de futuros cercanos, una de las corrientes
más relevantes de la ciencia ficción en los últimos
años, resulta bastante aventurado para un autor cubano del
género. No se trata de que se ejerza una censura directa
sobre una historia que, por ejemplo, plantee en el 2066 una Cuba
siendo Estado Libre Asociado de EUA… sino que los propios
autores rara vez se atreven a siquiera considerar posibilidades
tan poco “revolucionarias” como esa. Más bien,
autocensura.
STOCCO: ¿Qué dificultad encuentra
un escritor cubano que desea expresarse utilizando la ciencia ficción?
YOSS: Bueno, creo que ya arriba te hablé
de una, o de dos en una: censura y autocensura. Y también
está el pequeño problema de que los jurados, críticos
y escritores “serios” o del mainstream, y a menudo estas
tres clases de personas son las mismas, siguen considerando a la
ciencia ficción una especie de parienta pobre. Una obra de
ciencia ficción nunca puede aspirar a ser premiada compitiendo
con otras de realismo, ni si no es en un concurso específicamente
dedicado al género, por muy literariamente perfecta que sea.
Y rara vez se publica CF sino en colecciones especializadas…
O, sea, más o menos los mismos problemas
que enfrenta un escritor de ciencia ficción en cualquier
país: fuera de las colecciones temáticas, sus probabilidades
de publicar son mínimas. Lo malo es que mientras que en otros
países están, existen, y venden miles de ejemplares
a un público fiel, como el sello Urania en Italia, en Cuba
actualmente no hay una verdadera colección dedicada a la
ciencia ficción, y aunque nuestros lectores la piden, como
la industria cubana del libro no se guía por consideraciones
de mercado o comerciales, la ley de la oferta y la demanda nada
tiene que ver con las decisiones de cuál libro publicar.
Y entonces siempre hay una novela de realismo o un libro político
más importante que una novela de ciencia ficción.
STOCCO: ¿Qué relación existe
con los modelos norteamericanos, si existe tal relación?
YOSS: Me gusta la space opera, así que
obviamente tengo una gran influencia de muchos autores anglosajones,
pues no son sólo norteamericanos: Alfred Bester, Frederic
Pohl Robert Heinlein y Larry Niven, pero también Brian Aldiss
y Michael Moorcock. Incluso de autores australianos como David Brin.
Pero también de autores rusos y polacos, como los hermanos
Strugatsky y Stanislaw Lem. Creo que los escritores cubanos de ciencia
ficción tuvimos el privilegio de poder beber de ambas fuentes,
del sentido de la “garra” narrativa anglosajona y su
desbordante imaginación, y a la vez de la profunda preocupación
ética y humanista de los autores del antiguo campo socialista.
Sazona esa mezcla con un poco de humor criollo y obtendrás
casi la fórmula de la mejor ciencia ficción cubana.
STOCCO: Entiendo que los escritores latinoamericanos
que cultivan el fantástico se mantienen unidos en defensa
de su propia unidad cultural. ¿Cómo se vincula esto
con la potencia y la vecindad del modelo cultural norteamericano?
YOSS: Considero que esa unión es más
bien un pacto entre naciones débiles que una crítica
al estilo anglosajón de escribir ciencia ficción.
Ellos son los que la inventaron, de algún modo, y aún
son quienes mejor la escriben. Mucho tiene que ver con la potencia
y el chovinismo de sus editoriales, que si no escribes en inglés
no te publican. Y se escribe mucha ciencia ficción en otros
idiomas: no sólo en el español iberoamericano, sino
también en francés, alemán, italiano, portugués
y japonés. Una literatura que escapa a la percepción
de la mayoría de los fans anglosajones del género,
precisamente por la ceguera y la falta de “espíritu
de aventura” de sus editoriales.
Los latinoamericanos, por otro lado, y probablemente
el idioma común tenga mucho que ver en eso, nos sentimos
todos parte de una gran familia, eso es cierto. Pero creo que si
alguna editorial grande, como la Doubleday o la Random House, por
ejemplo, empezara a publicar ciencia ficción de autores latinoamericanos,
esa unión que tan monolítica parece se vendría
abajo muy pronto.
Disculpa si te sueno un poco cínico, pero considero que el
de escribir es un asunto solitario, una carrera entre individuos
y no entre equipos: uno puede, mientras aún es una promesa
por publicar, hablar de movimientos, de corrientes, de autores malditos,
cerrar filas con otros rechazados por la gran maquinaria editorial
anglosajona… pero cuando tus obras empiezan a venderse, no
te sientes traidor ni culpable por ello. Tú lo has logrado,
los otros no. Y la solidaridad no tiene nada que ver ahí…
se trata de mejorar tus propias marcas, vender más, escribir
mejor, y si los otros no lo logran, pues qué pena. Aunque
no por eso dejen de ser tus amigos.
STOCCO: Tu estilo no desdeña la aventura.
¿En quién te inspiras, cuáles son tus modelos
literarios?
YOSS: Para no repetir respuestas, los que te
mencioné anteriormente. Y súmale a esos Dan Simmons,
Greg Bear, Vernor Vinge, Poul Anderson y un largo etc. de cultivadores
de la mejor space opera. Pero también a autores rusos bastante
desconocidos para el lector anglosajón, como Anatoli Dneiprov,
Sever Gansovsky, Víctor Kolupaiev, Olga Larionova, los Abramov
y unos cuentos más. A cubanos como Agustín de Rojas
y Gregorio Ortega. A un italiano, Valerio Evangelisti, con su serie
del inquisidor Eimerich.
Pero además, incluye en ese recuento de
influencias a los clásicos mundiales de la aventura, aunque
no sea ciencia ficción. Verne y Salgari, para empezar. Sabatini,
Shellabarger, Anthony Hope, James Oliver Curnwood, Jack London,
James Fenimore Cooper, Ernest Hemingway. Clásicos anglosajones
como Sherwood Anderson, J. D. Sallinger, Scott Fitzgerald, Erskine
Caldwell, Norman Mailer, Truman Capote, Brian Easton Ellis y Douglas
Aaron Copland. Sin olvidar una lista que podría volverse
interminable de autores de best sellers y technothrillers: Stephen
King, Frederic Forsyth, Tom Clancy. Y no te olvides de los clásicos
estilistas de la lengua española, sobre todo los del boom
latinoamericano: Mario Vargas Llosa, Alejo Carpentier, Jorge Luis
Borges, Julio Cortazar.
En fin, que leo mucho, y no sólo ciencia
ficción, y trato de tomar de cada autor lo mejor sin creerme
que mi estilo es perfecto, acabado o definitivo. Escribir es un
oficio en el que cada año se puede mejorar un poco, si uno
no se engaña creyendo que ya lo hace a la perfección.
STOCCO: Ambrotos, que así se llama el
extraterrestre protagonista de tu historia publicada en Schegge
di Futuro, descubrimos finalmente, traducido del griego significa
inmortal. ¿Consideras que este personaje es una metáfora,
un símbolo de alguna otra cosa?
YOSS: Obviamente, ya que la ciencia ficción
es la literatura de las metáforas por excelencia. Y aunque
no me parece bien que un autor hable de su propio cuento, ni mucho
menos trate de explicar lo que ya el texto debió dejar claro,
quisiera decir que Ambrotos es un símbolo bastante complejo
y con varios significados: que algunas cosas que codiciamos no resultan
ser lo que esperábamos (la inmortalidad). Que la extrañeza
puede estar en nosotros mismos, no en el Universo… pero sobre
todo, que por raros que sean los seres que nos encontremos en el
espacio, siempre puede encontrarse una base para el entendimiento
con ellos.
STOCCO: Ciencia ficción, curiosidad por
el extraterrestre, miedo al diferente, denuncia de la intolerancia
política y social: ¿cuál de estas ideas resulta
más apropiada para interpretar tu cuento?
YOSS: De nuevo tengo que darte una respuesta
conciliadora: todos. Aunque la CF engloba las otras tres ideas.
Si acaso, podría decir que a la que menos relación
consciente le veo con mi historia es a la última… pero
sólo consciente. En mi inconsciente ¿quién
sabe?
STOCCO: En general hoy se dice: otro mundo es
posible. ¿Tu cuento pretende dar a entender que al final
no hay demasiadas esperanzas ? ¿Qué dices al respecto?
YOSS: ¿Te parece entonces un cuento pesimista?
Tal vez. Mi mensaje podría ser que, si llevamos a las estrellas
los mismos problemas y egoísmos que han convertido por miles
de años la vida del hombre en un infierno sobre la Tierra,
no podemos esperar soluciones mágicas. Aunque, por otro lado,
creo que también hay optimismo: a fin de cuentas, el astronauta
humano logra entablar amistad con el proscrito alienígena.
Supongo al mismo tiempo que ver una historia en términos
tan maniqueos como optimista o pesimista es siempre un riesgo del
que pocas veces logran escapar críticos, lectores y incluso
autores.
STOCCO: ¿Cuáles son tus proyectos
literarios para el futuro?
YOSS: En abril de este año en España
Ediciones Neverland publica mi novela de CF erótica PLUMA
DE LEON, que también debería aparecer en Cuba sobre
noviembre o diciembre. Estoy esperando respuesta de la editorial
francesa L´atalante sobre dos novelas que envié para
que fuesen evaluadas en su colección de CF, y sigo enviando
cada año una obra al Premio UPC de novela corta de CF en
Barcelona, y un cuento al Alberto Magno, que son los certámenes
más importantes del género en español. En ambos
he logrado menciones… sigo yendo a por los premios grandes.
Mis proyectos futuros, en fin, se reducen a
escribir. Escribir cada vez más y mejor, publicar todo lo
que pueda, ganar premios, publicar más, seguir viviendo de
lo que escribo como hago hace 12 años,
y si es posible vivir más desahogadamente, que uno tampoco
es un monje de clausura ni un estoico, y los libros de CF cuestan
caros.
arriba
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Cuando el metahumano es incluso frágil
Encuentro con la ciencia ficción del Cono Sur
Entrevista con Luis Saavedra
STOCCO: ¿Por qué has aceptado ser
parte de Schegge di Futuro, una antología publicada como
e-book y destinada al público italiano?
SAAVEDRA: No hay ninguna en especial. Era la
posibilidad que me brindó gentilmente Gianluca Turconi —a
quien no hubiera llegado sin intermedio de Sergio Gaut vel Hartman—
y la aproveché. Es mi primera traducción, más
excepcional para mí que no soy un escritor prolífico.
Creo que hay un nicho para mí en la memoria
de los lectores, no solamente italianos. Hoy en día la ciencia
ficción se ha concentrado en la búsqueda de una originalidad
a ultranza y tramas tan gigantescas que deslindan con lo cósmico.
Yo prefiero deslizarme un poco por fuera —por supuesto, sin
saltarme el sentido de la maravilla— e involucrarme más
con las emociones y sensaciones que los eventos generan. Puede que
incluso me olvide de la premisa de ciencia ficción, pero
terminaré siempre llevando a los personajes fuera de sí
mismos por efecto de eventos fantásticos. Eso es lo que me
interesa más, no la opción tecnológica, no
un desliz cuántico, sino lo emocional que se vuelven los
caracteres. Hay quien la llama intimista y estoy de acuerdo, lo
que escribo cae por ahí.
STOCCO: ¿Qué conoces de la ciencia
ficción italiana?
SAAVEDRA: Es una asignatura pendiente para mí.
Sólo recuerdo a Lino Aldani de mis lecturas de más
joven. Creo que en la colección Nebulae o la revista Nueva
Dimensión. Durante los 1990’s me llegaban noticias
de Valerio Evangelisti y su saga sobre el inquisidor Eymerich. Pero
a eso se resume mi contacto con la ciencia ficción literaria
italiana. Ahora, buscando en Internet llegué a un comentario
de La Perla alla fine del mondo, de Luca Masali, que despertó
mi interés. El comentarista la ponía por las nubes
y se quejaba de que no fuera traducida al español. En otro
sitio encontré que sí lo estaba, tengo que conseguirla.
El problema es que la ciencia ficción anglosajona es omnipresente,
y el mercado editorial tan despiadado, que las obras nativas tienen
pocas oportunidades de salir en su propio país, y ni hablar
de una traducción en otro idioma.
Por otra parte, sí me acuerdo de una tonelada
de películas de ciencia ficción italianas de los años
1980’s que eran psicotronía pura. Con argumentos excesivos
y estrellas de segunda categoría, los directores hacían
maravillas de la entretención. Me acuerdo claramente de L’Umanoide,
Star Crash, Il Mondo di Yor, I Nuovi Barbari, Holocaust 2000. Pero
hay dos que son joyas y las recuerdo mucho. Una es Terrore nello
Spazio, de Mario Bava, que supuestamente inspiró a Alien,
el Octavo Pasajero, con esa inquietante escena del ciclópeo
cadáver en el planeta “abandonado”, además
de las atmosféricas escenas de la niebla reptando hacia las
víctimas. Y La Decima Vittima, con Marcelo Mastroianni y
una Ursula Andrés en estado de gracia, que además
está basada en el cuento de Robert Sheckley, la Séptima
Víctima; era comedia, crítica social, suspenso, una
película inteligente y rápida sobre una sociedad aburrida
hasta el hartazgo.
STOCCO: Tu cuento “Ol’fairies bar”
por momentos privilegia un estilo muy directo y crudo. ¿Cómo
te sientes escribiendo sobre sexo y violencia?
SAAVEDRA: El sexo y la violencia están
muy ligados. Ambos se complementan tan espantosamente bien que uno
se pregunta si no será ésa la forma de la creación.
Eros y Tanatos son generadores de una energía primigenia,
antagonistas y equiparables, en precario equilibrio en la psiquis
humana. Las tensiones resultantes se desencadenan con tal intensidad
y profundidad que siempre me han fascinado, y quiero conocer el
mecanismo exacto que tiene a ciertas mentes mamíferas convertidas
en marmitas cerradas a fuego lento. Coincidentemente, todas pertenecen
a machos. Ya lo exploró Philip José Farmer en su notable
cuento “Hermano hermana”, en donde la violencia sexual
del macho es la culpable de las tendencias homicidas de las especies.
Aquí y en otros mundos. Sutilmente el cuento también
desliza un rol femenino en la violencia, en la forma del deseo y
la provocación. Si bien es cierto que el relato tiene imágenes
duras, están justificadas. En el relato, el episodio de la
muerte de la niña es lo suficientemente sórdido para
dar una cuchillada emocional al lector, en contrapunto con las otras
dos líneas narrativas, mucho más calmas. Le da una
imagen que pueda quedar en la retina. Hay también una intención
de demostrar que mientras compartamos un noventa por ciento del
código genético, siempre estaremos a merced de nuestros
impulsos, seamos o no mejores. Los códigos morales no vienen
con las nuevas características humanas, el legado salvaje
sí.
STOCCO: Los metahumanos están en el centro
del cuento que se publicó en Schegge di Futuro. ¿Realmente
piensas que nos estamos moviendo hacia una evolución de esta
naturaleza?
SAAVEDRA: En realidad, mi interés viene por otro derrotero.
Cuando niño me aficioné a las revistas de superhéroes
y ahora adulto las sigo leyendo. Encuentro en ellos una fantasía
desbordada, descarada e insolente que requiere solamente que uno
la disfrute. Y en estas dos últimas décadas se ha
vuelto tan deliciosamente desarrollada y posmodernista que deberíamos
comenzar a considerar obras dignas de programa escolar títulos
como Concrete, Planetary, Sandman, y genios a gente como Grant Morrison,
Alan Moore y Warren Ellis.
Pero siguiendo el razonamiento de la pregunta
creo que sí, podemos llegar a un estadio de evolución
artificial en el que adquiriremos una serie de cualidades que hoy
atribuimos a superhéroes. Quizás no volar o lanzar
rayitos por los ojos, pero sí tener la capacidad de adaptación
a cualquier ambiente, tener total control de los procesos de nuestro
cuerpo o mejorar el uso de nuestra capacidad cerebral. No es un
sueño tan alejado considerando que más de uno dice
que el siglo XXI es el de la revolución biotecnológica
y la ciencia médica. Ahí mismo, a la vuelta, están
los extropianos y el transhumanismo, que dicen que el 2050 será
un año definitivo en el que alcanzaremos la inmortalidad
a través de la tecnología. Creo que el ser humano
puede escapar a puntos críticos de su historia, en el que
los factores de autodestrucción son omnipresentes. Creo que
el año 2012 nos marcará a fuego y que a partir de
allí cimentaremos una nueva sociedad y nuevas reglas para
nuestra vida, y ello conllevará a convertirnos en estos seres
humanos con nuevos poderes, tanto físicos como existenciales.
STOCCO: Tus metahumanos tienen, por otra parte,
preocupaciones y sentimientos muy humanos, ¿no es cierto?
SAAVEDRA: Así es, porque no han dejado
de ser humanos y tienen que lidiar con el quehacer cotidiano. También
porque los modelos en los que me basé, los personajes de
cómic, están expuestos a situaciones extremas en donde
arrecian las tormentas emocionales. Si tú lees las tramas
de títulos de comic-books como X-Men y JLA te das cuenta
que las inseguridades e impulsos sentimentales están a la
orden del día, son como telenovelas para adolescentes WASP.
Es más, considerando la poca madurez emocional de los personajes
podrías incluso considerarlos inferiores al ser humano promedio.
Por otra parte, el ambiente y el tratamiento remiten a la novela
negra y su larga tradición de personajes fracasados que tienen
su segundo de gloria, para luego hundirse en la ignominia. En estas
tramas, todos aparentan una imagen brillante cuando en realidad
todo se pudre por dentro, y sin embargo, existe una posibilidad
de redención al final.
Y resumiendo todo lo anterior. Me interesó
explorar lo falible que puede llegar a ser un arma con un grado
medio de libre albedrío. Poniendo a personajes que simplemente
podían moverse melancólicamente por un escenario que
es oropel, y ejecutar una historia más grande. Remitiéndome
a diferentes estilos para dar la impresión de una historia
coral. Todo dentro de lo que un humano, con poderes o no, puede
sufrir.
STOCCO: Si tuvieras que escribir una novela,
¿por dónde elegirías comenzar?
SAAVEDRA: Tengo un proyecto que desarrollé
hace muchos años, incluso tiene nombre: El Ruido del Bosque.
Debe estar en alguna parte de mi computador, al lado de los cuentos
que descargo desde que tengo acceso a la Red. Comienza con el suicidio
del oficial científico de una misión en un planeta
muy lejano. Tan lejano como el futuro humano que describía,
en donde unos pocas mujeres y hombres se conservaban “despiertos”,
mientras que el resto prefería ir a segundas y terceras vidas
en vastos mundos electrónicos. Segundas porque, aunque no
volvían a despertar, conservaban sus cuerpos, y terceras,
la opción del pudiente, porque podían replicar su
pauta de conciencia completa y destruir el cuerpo físico.
Estando así las cosas, el universo es
muy solitario para alguien “despierto”, pero tiene toda
una era tecnológica para divertirse, lo que incluye la exploración
de la galaxia. A pesar de las maravillas (que creo incluía
una pulsar más vieja que el universo mismo y que usaba una
secuencia de números primos para sus emisiones), lo que encuentran
son planetas deshabitados y civilizaciones muertas, ni una brizna
de compañía en ningún lado; es más,
todo apunta a que ninguna raza inteligente fue contemporánea
de la otra. Cuando una nacía a la conciencia la otra moría.
Es un puzzle desolador para quienes se dedican a encontrar vida
conciente. A la par, se ha decidido que la humanidad ha tenido suficiente
tiranía de la materia y para ello hay un plan de unificación
de todas las redes virtuales, la destrucción de todos los
cuerpos, y la consiguiente migración de las conciencias,
y dejar las decisiones a IAs. Naturalmente, la mayoría de
los “despiertos” deciden que no pueden ir ya contra
la corriente y vuelven al planeta madre. En este contexto de caos
y abandono, el suicidio del científico gatilla la investigación
de una mujer, un hombre y la IA de la nave que va desvelando la
comprensión del ocaso de la humanidad y que puede significar
su supervivencia.
Es más entretenido escribir las premisas
que los mismos relatos. Es como hacer un trailer.
STOCCO: ¿Cuál es la situación
de la ciencia ficción en Chile?
Es un momento muy interesante en mi país.
Ha habido un avance sostenido de la ciencia ficción desde
los años ochenta hasta el momento actual, alimentado por
nuevas tecnologías como la fotocopia, la impresión
más barata y luego la Internet, y ahora es la ebullición
de la suma de muchos esfuerzos desperdigados en el tiempo. La aparición
de las últimas comunidades como TauZero y zines como Puerto
de Escape son reacción directa de cosas tan lejanas en el
tiempo como la publicación del fanzine Sagitario en 1971.
En un artículo que escribí para
el ezine español Alfa Eridiani parecía tener una panorámica
de ciclos y vueltas a la nada, infinitas, en donde la memoria no
sobrevivía y cada vez era un reinventar la rueda. Pero estaba
equivocado, ahora veo un esquema más complejo e interrelacionado
que viene de la aparición de la novela Los Altísimos.
Se puede rutear el mapa de la ciencia ficción chilena en
un entretenido juego de seis-grados-de-separación entre Hugo
Correa y Sebastián Gúmera, por ejemplo. Nunca ha estado
muerto el género en Chile, aunque muchos años tampoco
se podía decir que estuviese vivo. Es un gran superviviente
y hoy en día está a las puertas de una ebullición
bastante grande.
En 2005, apareció la mejor novela de
ciencia ficción chilena, después de “Alguien
mora en el viento”, de Hugo Correa. Ygdrasil, de Jorge Baradit,
es una coctelera de imágenes y sensaciones con una identidad
tan fuerte y propia que se quedó rondando en las cabezas
de los lectores. Baradit vuelve a avalar su calidad al ganar el
premio UPC de novela corta el año pasado con “Trinidad”,
construida en base al mismo universo, y prepara la segunda parte
de la saga de Ygdrasil llamada Atacama. La penetración en
España, y una eventual traducción, son inminentes.
Otro autor interesante es Pablo Castro, que ha elegido como campo
de operaciones las revistas francófonas, a las cuales ya
ha vendido un par de relatos, aunque contaba con una traducción
al inglés, en la prestigiosa antología Cosmos Latinos,
compilada por Andrea Bell y Yolanda Molina-Gavilán. Su relato
aparecido en la antología Utopiae 2004 (Francia), “Reflejos”,
postuló a mejor cuento extranjero en el Grand Prix de L’Imaginaire.
Pablo es un escritor de escenarios humanos en guerra, todos conflictos
entre la te |