SCHEGGE
DI FUTURO antología de Gianluca Turconi

Nueve escritores
latinoamericanos

Giampietro Stocco
Italia

 
 
 

Indice

El rock suena fantástico. La nueva onda que viene de la Argentina
Entrevista con Claudia De Bella
Conquistaremos el mundo. Sexo, futuro y videojuegos
Entrevista con José Luis Zárate
La ciencia ficción como una piedra preciosa. De Venezuela con método
Entrevista con Jorge de Abreu
Ciencia ficción onírica. Cuando el fantástico habla uruguayo
Entrevista con Pablo Dobrinin
Estrella del porvenir. Escribir ciencia ficción en Cuba
Entrevista con Yoss
Cuando el metahumano es incluso frágil.
Encuentro con la ciencia ficción del Cono Sur

Entrevista con Luis Saavedra
Humanidad futura. Schegge di Futuro nos lleva a Perú
Entrevista con Pedro Félix Novoa Castillo
Fantástico misterio. Cuando el cuento se inventa por sí mismo
Entrevista con Fabio Ferreras
El retorno de Sergio. Muñecas rusas
Entrevista con Sergio Gaut vel Hartman

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El rock suena fantástico
La nueva onda que viene de la Argentina

Entrevista con Claudia De Bella

STOCCO: ¿Qué te ha impulsado a adherir a la propuesta de una antología como Schegge di Futuro, destinada al público italiano?

DE BELLA: Italia es muy especial para mí, pues toda mi familia paterna y parte de la materna proviene de ese país, de Nicotera principalmente, por lo tanto me encanta que mis cuentos se puedan conocer allí... es como una manera de regresar a mis orígenes. Además, creo que es muy importante que se difunda la ciencia ficción latinoamericana en sitios donde normalmente no se publica.

STOCCO: ¿Cómo se las arregla una mujer para escribir ciencia ficción en América Latina?

DE BELLA: Supongo que igual que en todas partes del mundo: a la gente en general le suele parecer un poco raro, pero no más raro que cuando se trata de un hombre. Hace muchos años que las mujeres venimos contribuyendo a la ciencia ficción del continente; sin ir más lejos, entre los mejores escritores “veteranos” de la Argentina, tenemos a una mujer, Angélica Gorodischer, que es unánimemente respetada y aclamada. Siempre me sentí muy cómoda dentro del género. Además, como en todas las actividades, creo que las mujeres aportamos una mirada diferente que es absolutamente necesaria.

STOCCO: ¿A tu criterio la ciencia ficción es un método expresivo eficaz para expresar las contradicciones sociales y políticas del tu país y de Sudamérica?

DE BELLA: La ciencia ficción es un método expresivo muy eficaz, punto. No necesariamente se recurre a la ciencia ficción por las contradicciones nacionales o continentales. Creo que la flexibilidad, la libertad de imaginación y la capacidad de tratar absolutamente cualquier conflicto (pasado, presente o futuro) que nos permite la ciencia ficción la convierten en el ámbito ideal para desarrollar desde la idea más trivial hasta la más loca. Por eso me gusta.

STOCCO: ¿Has leído algo de ciencia ficción italiana? En caso afirmativo, ¿te gusta?

DE BELLA: Lamentablemente no he tenido oportunidad de leer mucha ciencia ficción italiana actual; tal vez un puñado de cuentos traducidos aquí y allá. Sí he leído muchísimo a Italo Calvino, de quien soy fanática desde que era adolescente.

STOCCO: ¿Cuales son tus modelos literarios?

DE BELLA: Tengo muchos escritores favoritos: Dick, Sturgeon, Varley, Shepard, Ballard... muchos. Pero mis mayores modelos son Connie Willis y Ursula LeGuin. Quizás algún día pueda escribir tan bien como ellas.

STOCCO: En “La humedad” muestras un estilo decididamente europeo, muy intimista y refinado. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

DE BELLA: No lo sé, nunca se me había ocurrido analizarlo. En todo caso, cuando escribo no estoy pensando en usar un determinado estilo, sencillamente me sale así.

STOCCO: ¿Qué tema has deseado afrontar, específicamente, con “La humedad”?

DE BELLA: La enfermedad física y mental y las distintas maneras que tienen las personas de sobrellevarla. También quise explorar la posibilidad de la psicoterapia asistida por la telepatía y tocar el tema de las enfermedades que podríamos contraer como consecuencia del contacto con extraterrestres.

STOCCO: Eres también cantante de rock. ¿Quieres hablar de esta experiencia y contarnos cómo eso encaja o no con tu actividad como escritora de ciencia ficción?

DE BELLA: Son dos actividades perfectamente compatibles. Como escritora, puedo crear tanto un relato como la letra de una canción. Cuando canto, la energía física que despliego en el escenario contrarresta los períodos de inmovilidad frente a la computadora cuando estoy escribiendo. Además de estas dos cosas, tengo un trabajo “formal” como traductora y profesora de inglés. Todo depende de saber organizarse y darle a cada ocupación su tiempo.

STOCCO: ¿En qué estás trabajando ahora?

DE BELLA: Estoy elaborando un proyecto que vengo pensando desde hace mucho y que aún no sé si desembocará en una novela o en una serie de cuentos o novelas cortas. Es una ucronía ambientada en Sudamérica. Además, según se presente la inspiración, siempre estoy escribiendo cuentos breves, formato que me gusta mucho y al que vuelvo siempre que puedo.

Te agradezco la oportunidad de responder a tus preguntas para que los lectores italianos me conozcan un poco más. Estoy muy contenta de formar parte de la Antología y espero que los lectores disfruten de mi cuento tanto como yo disfruté escribiéndolo.

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Conquistaremos el mundo
Sexo, futuro y videojuegos

Entrevista con José Luis Zárate

STOCCO: ¿Cómo es que has aceptado formar parte de una antología dedicada al público italiano?

ZÁRATE: La verdad, lo que me interesó es que fuera un e-book. Tan o más grandes que las editoras, las compañías discográficas han visto su mundo estremecerse por la descarga (gratuita y no) de materiales por Internet, Kodak y demás empresas de fotografía tuvieron que reestructurarse o desaparecer para competir en el mercado digital.

El libro en papel puede estar a punto de convertirse en tecnología obsoleta como el VHS. Los iPod son simpáticos, los e-books esperan.

También está la generosa oferta de traducir los cuentos. La información debe ser libre, pero la barrera del idioma nos mantiene en islas pequeñas. Al traducirse uno se pregunta ¿qué opinarán los lectores italianos de nuestros escritos? ¿Podremos tocarlos al otro lado del mundo? Espero con impaciencia algún comentario, una reseña, que alguien lo comente en su blog.

STOCCO: ¿Qué nos puedes decir de la ciencia ficción en México?

ZÁRATE: Editorialmente, supongo que igual al resto del mundo. Puertas cerradas para autores noveles, compra sólo de éxitos de venta mundiales, desconfianza para géneros alternativos, y todo eso que podría amargarnos la vida si no es porque existen ya otros canales de distribución.

No hay revista cultural en México que tenga más lectores que los diversos blogs sobre todo tipo de temas. Escritores de todo el país intercambian material sin detenerse en gastos de envío (40 dólares cuesta mandar una carta a Italia en correo urgente. Así que el intercambio necesario para armar la antología habría sido realmente oneroso sin el Internet).
Las computadoras aún son artículo de lujo, por desgracia los libros también (30 dólares los títulos de estreno y no en ediciones de lujo).

Antes fueron los fanzines, las revistas hechas con mimeógrafos, las fotocopias. Un montón de personas está escribiendo (del género y de lo que quieren) libres de la obligación de agradar a algún editor. No ganan un centavo, pero por ello pueden hacer lo que se les da su regalada gana y eso las hace realmente interesantes.

Podría mencionar a autores que escriben géneros alternativos. Alberto Chimal por ejemplo, Bernardo Fernández BEF (historietista también), Gerardo Porcayo, Verónica Murgia y un largo etcétera, que lentamente están haciendo una masa crítica que espero estalle un buen día.

STOCCO: En Schegge di Futuro, tu cuento “Hyperia” pone el sexo en el centro de la escena. ¿Piensas que el sexo puede conciliarse con la ciencia ficción?

ZÁRATE: Bueno, el sexo siempre es una buena compañía.

Lo que me extraña es lo contrario, que no se mencione más. La descripción de un nuevo entorno y de nuevos paradigmas mueven nuestros conceptos. La familia nuclear monogámica patriarcal está, en la actualidad, naufragando por sus contradicciones internas, algo la substituirá. Tratar de averiguar los “algos” es enormemente divertido para un escritor (puedo equivocarme completamente, por supuesto, pero eso no le quita lo interesante de intentarlo).

STOCCO: En tu cuento abundan las drogas y el cyborg. ¿Crees de verdad que esto podría ser nuestro futuro?

ZÁRATE: Lo bueno que tiene el futuro es que siempre nos agarra por sorpresa. Después de la hilarante frase del “fin de la historia”, ¿qué se puede decir?

Hubo una época que parecería que toda la tecnología buscaba llevarnos al espacio exterior, hoy lo digital nos lleva al espacio interior, hay una anécdota: era navidad, día de parientes molestos y fiestas por obligación, y lo que yo quería era irme con mis amigos de verdad: conecté la computadora y ahí estaban: líneas escritas, surgiendo.
Las drogas evolucionan, drogas recreativas, drogas para intentar normalizarnos, drogas de diseño, con interesantes efectos secundarios, sobre todo las médicas. Que alguien va a descubrir algo bastante más sorpresivo es cuestión de tiempo y dinero. Y en el asunto de las drogas lo hay. ¿Gobiernos? ¿Carteles? Oh, claro, El soma de Huxley... se está tardando. Drogas para convencernos que no nos gustan las drogas... de existir ya nos lo estarán administrando lo queramos o no.

El catalogo de maravillas que vendrán es siempre inexacto y bastante tímido, la realidad nunca se ha detenido a pensar en la verosimilitud. Actúa y ya.

Pero, claro, eso no quiere decir que debemos dejar al futuro actuar sin decir por lo menos ay, de vez en cuando.

Vonnegut decía algo muy interesante: los escritores somos los canarios en las minas. Nuestro papel es asfixiarnos antes de que sea tarde para los demás.

A veces uno es un canario que empieza a toser aún antes de estar en la mina. Pero la mina se acerca. Y es oscura.

STOCCO: Leyendo “Hyperia” me pregunto cuál podría ser el rol de la mujer en el futuro. ¿Qué piensas al respecto?

ZÁRATE: Ser profeta sirve de poco (El tipo del Apocalipsis no cobra derechos y eso que su libro es citado cada 5 minutos). La verdad no sé cuál será, pero hay signos preocupantes. Traté de escribir una historia sobre las muertas de Juárez (el asesinato masivo de mujeres a lo largo de muchos años); en el argumento todo empezaba por la contratación de maquilladoras. Las mujeres soportaban más la explotación y por ende las preferían para contratarlas. Los hombres resentían ese hecho, ellas tenían sus míseros salarios y ellos no. Sentían que ellas les quitaban la oportunidad. Los matrimonios sufrían la tirantez de que ella ganaba más que él, y se convertían en cabezas de familia. El rol tradicional empezaba a resquebrajarse. Todo era distinto a cómo les dijeron que debían ser. Y la culpable estaba en casa. En las calles. Libre. Y no era justo. Y alguien debía pagar. Con sangre. Y una muerta fue una desgracia, y dos también, pero tres son una estadística y cuatro una costumbre y seis sientan un precedente y siete un rito y ocho y nueve y diez y once y doce una obligación: así se debe tratar el asunto con trece y catorce y cien y doscientos. Y en este punto me deprimí bastante, y me dije que el asunto ese del rollo patriarcal se está cayendo a pedazos, y los escombros son bastante peligrosos.

STOCCO: ¿Tú también crees, como muchos, en el concepto de “singularidad”, como lo ha propuesto Charles Stross, quien considera a Internet la partera de una intempestiva y dramática aceleración en la evolución humana?

ZÁRATE: Internet es una herramienta. El catálogo de las obsesiones de la humanidad. Un mundo con precipicios y bonitos paisajes. No más intrínsecamente malvado o bueno que un guante, como decía Bradbury depende de la mano que lo enfunde.

La noción misma de humanidad ha cambiado. Siempre lo hace. Hay modelos a seguir, modelos a evitar y modelos que se aparecen sin decir “aguas va”.
El mundo interno de Internet es interesante.
Cuando veía lo mucho que se divertían los tipos de Star Trek en su holocubierta lo único que me preguntaba es: ¿para qué salen? ¿Qué sentido tiene conquistar nuevos territorios si todo puede ser dado por el mundo virtual? ¿Por qué son tan retrogrados tecnológicamente, moral, socialmente y se la pasan diciendo discursos WASP?

Entonces lo supe, los viajeros de la Enterprise son los parias de su mundo. Son los que piensan que la carne y los sentidos son la verdad, que debe haber conceptos inamovibles, instituciones inalienables, que sólo aceptan maravillas existentes y no construidas por sueños, son los que salen a buscarse fuera del planeta. Los que negaron la red holocubierta que es el mundo fuera del Starfleet.
¿Y donde quiero estar yo? En el borde, por supuesto. Lo interesante está en las áreas grises. Bien lejos de las certezas.
Y es interesante como las certezas de nuestro ayer están haciéndose polvo ante nuestros ojos.
STOCCO: México tiene una larga frontera común con los Estados Unidos. ¿Cómo han influido sus modelos literarios en el campo de la ciencia ficción?

ZÁRATE: Bueno, la influencia de la ciencia ficción norteamericana se nota en todo el mundo. Uno dice Asimov y todavía recuerdan quien es. Literariamente no es más influyente que otras corrientes. En México hay una interesante tendencia que es no hacer géneros puros, no limitarse a los ingredientes básicos.

El Mole Poblano es un guiso donde caben especias, guajolote, fruta picada, chocolate y todo lo que ayude a crear un sazón nuevo.
En literatura hacemos cosas bastante más osadas.
En mi caso tuve una interesante formación, leí mucho material norteamericano, pero traducido por españoles y argentinos en ediciones apresuradas donde, cuando no encontraban un sinónimo aceptable, ponían algo de argot local (astronautas intergalácticos diciendo: eres un gilipollas, o extraterrestres que sorprendidos decían “Que Vaina” y no se referían a ninguna vaina extraterrestre sino a un argentinismo), axial que mi propia prosa es bastante singular.
Estados Unidos es un sueño que invade mi país, el sueño americano, pero también la Pax Américana; vierten sus desechos tecnológicos en desiertos mexicanos, planearon un muro tipo Berlín, ofrecen ciudadanía a quien vaya a sus guerras, pero también es el lugar donde la más lenta invasión de la historia se está llevando a cabo, donde celebran con más alegría fiestas patrias mexicanas (el 5 de mayo, por ejemplo).

Literariamente, nunca ha sido una Meca. (Pienso —equivocadamente, seguro— que Francia lo es aún. Montmartre, si pueden creerlo).

STOCCO: Ciencia ficción y mainstream: en Schegge di Futuro tenemos quizá la demostración de como la frontera se torna lábil cuando se habla de un buen cuento. ¿Cuál es tu opinión?

ZÁRATE: Si eres mainstream o escribes ciencia ficción en México te tratan igual (de mal).

No es posible vivir de regalías literarias en México, así pues, ¿para qué preocuparse de la etiqueta?
Yo trato de escribir lo mejor que pueda. Si hay extraterrestres, bueno, que los haya. O vampiros. O policías. Todos esos monstruos.

¿La ciencia ficción puede ser tan buena como el mejor mainstream? Sí. ¿El mainstream puede ser tan malo como la peor novela de ciencia ficción? Hay más de un ejemplo.
No importa más que las historias. El mecanismo narrativo debe funcionar.

STOCCO: ¿Cuáles son tus planes para el futuro?

¿Cuáles son mis planes como autor?

Dominar el mundo.
Ahora bien, el cómo es el problema. Uno desea tener las regalías de, supongamos, Dan Brown pero ser como John Irving, pero además una celebridad como Charlie Kaufman, y ser tan cool como Cortazar, y reservado como Rulfo y erudito como Borges, prolífico como Dumas y además ser uno mismo.

Por lo menos he logrado uno de mis objetivos: soy yo mismo; lo demás: en eso estoy.

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La ciencia ficción como una piedra preciosa
De Venezuela con método

Entrevista con Jorge de Abreu

STOCCO: “Método científico” es un cuento muy breve. Allí se describe un descubrimiento científico que atormenta al protagonista. ¿Cuál es la metáfora a la que deseas aludir?
DE ABREU: Es el lado oscuro de la ciencia. Lo que el común de las personas no asocia con un científico, pero sí lo hace al hablar de los políticos. La ciencia como cualquier actividad humana está sujeta a las pasiones, pecados y virtudes del Homo sapiens, de eso hablo en “Método científico”. La historia no es nueva, las malas lenguas se ha atrevido a especular que tal vez Mendel jugó un poquitín con sus datos para que sus proporciones fueran un poco más “irrebatibles”. Creo que todos los científicos tenemos presente el caso de Lysenko en la antigua Unión Soviética, y recientemente fueron ampliamente divulgados los casos de Eric Poehlman en Estados Unidos, quien fue condenado a prisión por falsificar datos, y de Hwang Woo-Suk de Corea del Sur quien también fue descubierto en el camino torcido.

A esos casos aludo en “Método científico”. En el relato el protagonista subvierte los mecanismos de la ciencia y prefiere destruir la evidencia que es contraria a sus ideas (una suerte de fraude) a aceptar que su hipótesis estaba errada y contribuir al progreso de su especialidad. Afortunadamente en nuestra realidad los mecanismos del quehacer científico todavía funcionan y aunque a veces tarden siempre se aplican los correctivos. Sin embargo, por alguna razón hay ciertas noches en las que no puedo dormir.
STOCCO: ¿Quiénes son tus maestros, en materia de ciencia ficción?

DE ABREU: Con Isaac Asimov mantengo una relación de amor-odio. Fue el autor que logró mi conversión tardía a la ciencia ficción; antes de eso no había visto la “luz”. Sin embargo, como su calidad literaria es bastante cuestionable, y para empeorar las cosas al final de su vida quiso forjar una amalgama de todos sus mundos en un solo universo (con resultados muy lamentables), mi afecto por él ha sufrido duras pruebas y se encuentra en terapia intensiva desde hace muchos años.

Aparte de esa dependencia afectiva bastante maltratada, las historias de Harlan Ellison, Phillip K. Dick, Ursula K. Le Guin, Fredric Brown, Ray Bradbury, Joe Haldeman y R.A. Lafferty me han servido de inspiración y en algunos casos han moldeado la estética de algunos de mis cuentos.

De Venezuela, el único autor prehistórico (una división arbitraria de la escueta historia de la ciencia ficción venezolana) que ha influido en mi narrativa es Luis Britto García.

STOCCO: ¿Cuál es la situación de la literatura fantástica y de ciencia ficción en Venezuela, donde tú vives?

DE ABREU: Te la puedo describir por medio de un símil: como una criatura diminuta, pero valiosa para quienes nos importa.

Desde la década de los ochenta comenzó tímidamente este movimiento de la literatura de ciencia ficción; antes de eso la situación del género la he ubicado en una etapa prehistórica: no había conexión entre los autores que escribieron esporádicamente una literatura que se podría clasificar de ciencia ficción, ninguno de esos autores profundizaron en el género ni parecían tener conciencia (o interés) de que aquello que ocasionalmente escribían era ciencia ficción.

Luego de los ochenta el panorama comenzó a cambiar muy lentamente, apareció una nueva generación de autores que se había nutrido en la lectura de los clásicos y estaba identificado con las temáticas y convenciones de la ciencia ficción. Fue una eclosión simultánea de varios grupos, aunque sin ninguna relación entre sí. Como verdaderos fanáticos, todos hacían de todo: escribían, editaban, divulgaban y sobre todo soñaban ciencia ficción. Pero en un inhóspito ambiente donde no había editoriales profesionales, ni siquiera semiprofesionales o aficionadas (aún hoy la situación es igual de adversa), el cultivo de la literatura fantástica se reducía a niveles de subsistencia y en focos bien demarcados de desarrollo: principalmente en Caracas, la capital. El advenimiento de Internet le brindó a esos autores la oportunidad de divulgar su obra (incluso las antiguas revistas en papel se han digitalizado) a una población lectora mucho más amplia: potencialmente a todo internauta que lea castellano.

Los representantes de la literatura fantástica en Venezuela son pocos y ninguno le dedica una fracción significativa de su tiempo. Generalmente son personas que provienen del campo de la ciencia y la tecnología, y su actividad literaria tiene mucho de vocación y pasatiempo. Esos somos nosotros.

La revista digital española Alfa Eridiani está preparando una antología de autores venezolanos de ciencia ficción, la espero con ansia pues es una buena oportunidad para vernos juntos después de mucho tiempo.

STOCCO: Se tiene la impresión de que la fantasía y la ciencia ficción en Sudamérica viven mucho de la actividad del blog; ¿hasta qué punto es importante Internet para ustedes?

DE ABREU: Definitivamente. En los últimos cinco o seis años parece que hemos pasado algún punto de inflexión. El gran factor detonante de ese microestallido es Internet: no sólo son los blogs de autores y conocedores del género, son las revistas aficionadas, los sitios temáticos, las asociaciones literarias. Toda una red de contenido que estimula a los escritores y a los lectores, imprescindibles ambos si queremos una ecuación balanceada que promueva el crecimiento del género. La existencia de Internet potencia las comunicaciones entre los aficionados y permite crear proyectos y grupos de trabajo multinacionales. La definición de nación se expande y el universo literario se hace más rico y complejo. Ahora tenemos revistas y sitios mantenidos por personas de diferentes nacionalidades. Las listas de colaboradores son una colorida colección de banderas diferentes. Todo eso es maravilloso y no existía hace un lustro.

Tomando en cuenta que el género fantástico no arrastra mayorías en ninguna parte y menos en Latinoamérica, la unión de todos los hispanohablantes en Internet potencia el número de lectores y escritores, todos salimos ganado con la variedad… Allí está lo sabroso de esta realidad.

STOCCO: Por otra parte, en Venezuela y en otros lugares, los autores de fantasía y ciencia ficción se frecuentan mucho, se reúnen, forman grupos muy solidarios. ¿Es una impresión acertada o no?

DE ABREU: Es cierto. Pero no sólo se aplica a los autores, sino también a los fanáticos. De hecho una reunión de autores es básicamente una reunión de fanáticos y en Venezuela la producción literaria de ciencia ficción de la etapa histórica ha pasado (y sigue pasando) por una necesaria identificación previa con los máximos exponentes del género. Sucedió en UBIK, en el lejano 1984, sucedió en los años siguientes y sucede ahora en las tertulias caraqueñas de ciencia ficción que organiza la escritora Susana Sussmann (última encarnación de las reuniones de fanáticos).

No obstante, la preponderancia de Internet en el quehacer literario del género fantástico actual hace que la verdadera productividad esté en la red, el contacto personal tiene una función primordialmente lúdica, insustituiblemente vital... Siempre que se tenga tiempo.

STOCCO: ¿Cómo te has decidido a formar parte del grupo de autores de Schegge di Futuro y hacer un e-book?

DE ABREU: Fue la oportunidad de aparecer publicado en italiano y que los italianos tuvieran acceso a una muestra de mi literatura de ciencia ficción. Las recopilaciones de ciencia ficción latinoamericana en otro idioma no son muy comunes, por eso la iniciativa de Gianluca Turconi es novedosa y tan importante para la divulgación de la literatura fantástica que se escribe actualmente en América Latina. Espero que todos nosotros tengamos más oportunidades como esa para acercarnos a los lectores de otras lenguas.

STOCCO: En tu blog te ocupas incluso de fútbol. ¿Te imaginas un cuento fantástico ambientado en el mundo de la “pelota”?

DE ABREU: En un país como Venezuela, donde el deporte rey no es el fútbol y el verdadero juego de la “pelota” es el béisbol, la existencia de un ferviente admirador del balompié puede ser inspiración para un relato fantástico.

Ahorita mismo en la lista multicultural Planeta SF se está hablando sobre ese tema (el fútbol en la ciencia ficción), ¡y pensar que sólo conocía un relato de Clarke que tocaba al fútbol! Nunca me había pasado por la mente meter una cancha de fútbol en una nave espacial, por pecar de exagerado. Quizás porque mi relación con el fútbol es más “existencial”, una forma bonita de definirme como fanático de ese deporte. Je je je… Sí, había pensado en algunas historias con el fútbol de trasfondo, pero no tenían nada que ver con lo fantástico. Viéndolo bien: interesante prejuicio, ¿no?

STOCCO: Seguramente lo es. Pero dime, ¿cuál es la novela que te gustaría escribir? ¿Cuál debería ser el argumento?

DE ABREU: Supongo que algo contradictorio.

Me fascinan las historias épicas. El señor de los anillos es uno de mis libros de cabecera. Sin embargo, por pura contradicción la mayoría de mis cuentos son bastante “domésticos”, se enfocan en la psicología de los personajes, en la ambigüedad con que nuestras percepciones pueden filtrar el mundo que nos rodea (creo que eso es muy “dickiano”). Así que mi hipotética novela partiría de esa contradicción, un parto bastante problemático.

En realidad nunca me he propuesto muy en serio lo de escribir una novela, tal vez debido a falta de tiempo o laxitud crónica de mi parte (y no por las contradicciones de mi vida), lo más probable es que la criatura abortaría por los caminos de una historia heroica donde el enfrentamiento más importante de los protagonistas sería el de las contradicciones entre las creencias y principios propios que el que eventualmente pudiera presentarse con sus antagonistas.

Para el que no se haya dado cuenta la palabra clave aquí parecer ser contradicción.

STOCCO: ¿Cuáles son tus próximos proyectos?

DE ABREU: Muchos relatos supercortos que saltan de la pantalla y juegan al escondite conmigo. Como son tan chiquitos se esconden en sitios bien curiosos y a veces se pierden para siempre. Son muy traviesos, se me chorrean por las orejas cuando trato de concentrarme en mi trabajo. Brincan y bailotean sobre los datos y a veces he encontrado a algunos, los más perversos, tratando de escamotearme el tiempo que le debo dedicar a la investigación. Pero son adorables y por eso les dedico todo el tiempo que puedo. Mientras juego con mi hijo menor de tres años, trato de resolver la disyuntiva de un hombre moribundo en el foso de un canal marciano. Cuando estoy redactando la sección de “discusión” de mi último artículo, debo imaginarme cuantas vidas tiene un monje de Celayde. Entonces mi esposa rompe el cristal y me recrimina “¿y cuánto te van a pagar por esos cuentos?” y yo sonrío y le digo: “tranquila, que el trabajo con la ciencia me ayuda a sufragar el pasatiempo de la ciencia ficción”.

Es en esas palabras donde está la verdadera ciencia ficción.

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Ciencia ficción onírica
Cuando el fantástico habla uruguayo

Entrevista con Pablo Dobrinin

STOCCO: “Los festejos del fin del mundo” es un cuento breve que a mí
personalmente me ha evocado un cuadro de De Chirico o de Salvador Dalí: ¿cuánto hay de surrealismo en tu estilo?

DOBRININ: Me gusta mucho De Chirico, sobre todo en su etapa “metafísica”, que fue la que deslumbró a los surrealistas. Dalí también, y Magritte, Max Ernst, Remedios Varo, Picabia, etc.
El surrealismo ha sido muy importante para mí. Tengo muchos libros de ensayo sobre el surrealismo, y también obras de Breton, Artaud, Tzara, Eluard y Prevert, además de algunas antologías, entre las que se destaca por lejos la de un poeta argentino llamado Aldo Pellegrini, que puso toda su sensibilidad al servicio de un trabajo maravilloso.

Todo eso ha influido en mí, desde luego. Pero en lo que respecta a la idea central de dicho cuento, ella se me ocurrió luego de haber leído a antropólogos como Mircea Eliade, que estudiaron el significado que algunas comunidades le otorgaban a las celebraciones de fin de año. Tiene que ver con ideas como la carnavalización, la orgía como un llamamiento al caos para provocar la posterior regeneración del mundo, el tiempo mítico, el eterno retorno, etc. A menudo, lo que intento es hacer una historia con contenidos profundos, pero tratando de que esos contenidos no se vean groseramente en la superficie del relato, porque eso perjudicaría la lectura del mismo.

STOCCO: Al mismo tiempo algunas de las imágenes son paradójicas, grotescas, como los monstruos de Bosch. ¿Más que ciencia ficción cultivas el fantástico, entonces?

DOBRININ: Empecé a escribir a los once años, imitando el estilo de los cuentistas clásicos: Poe, Quiroga, Kipling, Chejov, Saki, Maupasant, etc., pero a eso de los dieciséis o diecisiete me di cuenta que el lenguaje tenía un poder secreto con el que uno podía explorar diferentes territorios. Sin darme cuenta de lo que hacía, escribí relatos que hoy diríamos que tienen mucho de surrealismo. Desde entonces, me he movido alternativamente hacia uno y otro extremo del péndulo. Luego me deslumbró García Márquez, Roberto Arlt, Cortázar, Borges, y después recién de haber disfrutado todo eso, me metí de lleno en los autores de ciencia ficción, sobre todo con la revista española Nueva Dimensión. Mis autores favoritos son Ballard, por el componente surrealista, Zelazny por su frescura y Bradbury por el uso poético que hace del lenguaje. Luego hay una multitud de obras puntuales que me quedaron grabadas: “La mujer del bosque” de Abraham Merrit, “Los poderes de Xanadú” de Theodore Sturgeon, “Un anillo alrededor del sol” de Clifford Simak, “Alas Nocturnas” de Robert Silverberg, “Un ojo en el cielo” de Philip K. Dick; bueno la lista sería muy extensa, pero ya vas viendo por donde van mis gustos. También quiero mencionar a dos autores que lograron imponerse sobre los estereotipos: el polaco Stanislaw Lem y sobre todo el español Alfonso Álvarez Villar, que en su última etapa realizó una obra genial que aún no ha sido convenientemente valorada. Estudié tres años de profesorado de literatura, lo que me puso en contacto con los clásicos. Y también hice periodismo, que me aportó lo suyo. Todo deja algo en nosotros, y nos enseña alguna cosa. Finalmente, la suma de todas esas lecturas, más mis gustos personales, me ha llevado a desarrollar un concepto que he definido como “Cabalgar la Locura”. Tiene que ver con el desarrollo de una literatura visceral, profundamente imaginativa y rica en contenidos, pero que no se agote en lo experimental. Lo interesante es lograr un producto que sea sumamente atrevido desde el punto de vista creativo, pero que al mismo tiempo funcione muy bien como un cuento. Es decir, que tenga una estructura ajustada a las necesidades, un correcto manejo de los tiempos, de la intensidad, que no pierda de vista el tema, que utilice el lenguaje de forma apropiada, y que cuente una historia, es decir, que no se agote en una reflexión intimista. Volviendo al surrealismo... el surrealismo, por lo menos el surrealismo estricto, de “receta”, no me sirve a mí para crear un cuento, ya que el surrealismo se basa en la escritura automática, en el “recorta y pega” de los diarios, en los “cadáveres exquisitos” o en las transcripciones de los sueños. Con eso sólo es difícil hacer un relato, en el sentido cabal del término, pero, y aquí viene lo interesante, se puede aprovechar. Todas esas técnicas que mencioné se pueden utilizar como base, o como disparadores para un relato. Entonces el resultado puede ser de una frescura interesantísima. Pero más allá de estas técnicas o recursos, el surrealismo puede sernos útil como ejemplo. Si tenemos una actitud creativa aventurera, si simplemente nos sumergimos en nosotros mismos y nos abandonamos al placer de crear, habremos dado un paso muy importante. Hemos visto como un estudiante de música lucha con su instrumento por arrancarle las notas que se le resisten. Bueno, imaginemos que ese mismo estudiante podría transformarse en un artista, recorriendo el pentagrama de su imaginación. Pero para “Cabalgar la Locura” no alcanza con liberar las alas de la creatividad, hay que formarse. Dalí dijo una vez algo muy interesante, que la lección más importante se la había dado su primer profesor de pintura, cuando él era sólo un muchacho: le enseñó que debía pintar sin salirse de la línea. Suena a una broma de Dalí, pero no es nada de eso. Con esas palabras, lo que quería decirnos era que más allá de la creatividad que pongamos en juego, no debemos descuidar los aspectos técnicos, los fundamentos. Por eso es bueno leer a los clásicos, leer poesía, y todo lo que nos pueda enriquecer como artistas, no solamente determinados géneros o subgéneros. Dalí fue uno de los que logró “Cabalgar la Locura”, no es una tarea sencilla, pero siempre va a ser un intenso placer intentarlo. Tal vez descubramos nuestros miedos, nuestras perversiones, nuestros sueños, pero valdrá la pena si por encima de todo logramos que se imponga la belleza. En esa aventura creativa puedo inclinarme hacia lo fantástico, el terror o la ciencia ficción, aunque lo normal es que se produzca una mezcla de géneros. Pero sinceramente no es un tema que me preocupe. La buena literatura siempre va a ser más importante que cualquier género o subgénero, y a eso es a lo que debemos apuntar.

STOCCO: Tú vives en Uruguay: ¿qué tipo de aproximación a la literatura fantástica hay en tu país?

DOBRININ: Actualmente hay de todo, fantástico clásico, ciencia ficción, fantasy, fantástico con elementos surrealistas, etc. Como ningún escritor de estos géneros vive de su arte, eso ha permitido que se expresen en la forma que les resulte más cómoda, sin tener que estar pensando en el dinero que podrían obtener por una obra. En lo que se refiere al caso específico de la ciencia ficción uruguaya, yo escribí su historia, que por ahora se viene publicando en entregas en la revista Axxón. Allí doy cuenta de las novelas, libros de relatos, de ensayos, de poesía, antologías, etc., todo lo que tenga que ver con ciencia ficción uruguaya. Ha sido un trabajo de muchos años, que lo hice sin ningún fin de lucro, sólo con el afán de contribuir al conocimiento, a la difusión y al desarrollo de este género en mi país. Así que si a alguien le interesa leer o publicar algo de lo que allí escribo, no tiene más que comunicarse conmigo a mi e-mail: pablodobrinin@hotmail.com.

STOCCO: Fantástico, ciencia ficción, fantasy: en Italia más de uno mira mal a estos géneros, definiéndolos políticamente como “de derechas”: ¿cuál es tu pensamiento al respecto?

DOBRININ: Esa afirmación sólo puede ser fruto de la ignorancia. Es gente que no ha leído literatura fantástica, ni ciencia ficción, obviamente, o que ha visto del fantasy sólo sus eventuales aspectos bélicos, sin darse cuenta que es mucho más importante el trasfondo mítico. No podemos pasarnos toda la vida defendiendo a estos géneros, sobre los que hay abundante bibliografía, y que ya se estudian en universidades y distintas instituciones educativas por gente idónea. Es mejor que aprovechemos ese tiempo para crear obras y disfrutarlas.

STOCCO: ¿Por qué has aceptado formar parte de una antología destinada a un público italiano, publicada como e-book?

DOBRININ: Bueno, no me perdería por nada del mundo una oportunidad como esta. Estamos en este mundo para expresarnos, para conocer gente y hacer amigos. Para disfrutar de la creación y sumar nuestras propias creaciones. Para todo eso sirve esta antología y este proyecto. Pero hay algo más que me parece importantísimo. Me pareció notable la forma en la que Gianluca Turconi concibió esta antología, y te voy a explicar por qué. Un amigo que tengo en Francia, me dijo una vez que para publicar en ese país, uno debía interiorizarse de sus gustos literarios. Cuando le pregunté qué era lo que hacían en Francia me dijo que los temas principales eran la clonación y la realidad virtual. En lo estilístico —me explicó— ellos estaban intentando parecerse a los estadounidenses. Quiero aclararte que este amigo, que además es traductor, me dijo todo esto porque me aprecia, y quería ayudarme. Incluso valoró mi obra, pero simplemente me señaló que lo mío no encajaba en este momento en Francia. Bien, yo escuché todo esto y le agradecí por haberme informado, pero no por eso cambié mi estilo. Me dije a mí mismo: el día que me aprecien, en el sitio que sea, va a ser por mi singularidad, y no por mis facultades imitativas. A los pocos meses de esa conversación empecé a navegar en internet. Ya hace dos años que navego, desde entonces he conseguido publicar varios cuentos en revistas de Uruguay, Argentina, y en antologías de España, Francia y ahora por suerte también en Italia. Por eso valoro esta antología, porque aquí puedo mostrarme como soy. Luego habrá gente a la que le guste y otra a la que no, pero eso es inevitable. Para mí lo importante es la autenticidad.

STOCCO: ¿Qué piensas, si la conoces, de la ciencia ficción italiana?

DOBRININ: Trabajo en una librería, y la verdad es que no llegan obras de ciencia ficción italiana. Lo más cercano es Buzzatti y Calvino, de los que sí hay libros, pero eso no es ciencia ficción. En cambio, sí llegan libros de autores como Oriana Fallaci, Antonio Tabucchi, Umberto Eco, Alessandro Baricco, Susanna Tamaro, o Andrea Camilleri, que aquí se lee bastante. Me da la impresión entonces que no es un tema de países, sino de géneros. Es una situación lamentable, que no solamente ocurre con la ciencia ficción italiana, sino con toda la ciencia ficción europea, a excepción de la británica. Un ejemplo: el autor francés más conocido en Uruguay, más vendido, ¿saben cuál es? Julio Verne. Me imagino que el mismo desconocimiento ocurre en Europa con respecto a la ciencia ficción latinoamericana. Por eso es importante el trabajo que hacen las revistas, como por ejemplo la publicación electrónica Axxón, difundiendo la ciencia ficción de todo el mundo. Hoy por hoy, estimo que Axxón es lo más importante que está ocurriendo en el mundo de la literatura de ficción. Se necesitan más antologías, editoriales, colecciones, revistas, y traductores. América y Europa tienen muchísimo en común, pero esto es algo que se olvida muy fácilmente. Países como el mío, Uruguay, se han formado sobre la base de inmigrantes europeos. ¿Por qué entonces, a veces parece que estuviéramos tan lejos, tan separados los unos de otros? Obviamente hay un enorme trabajo por hacer. Uno echa de menos lo que fue Europa en otro tiempo para la cultura, con sus maravillosas vanguardias, su empuje, y su personalidad. Estoy convencido de que la globalización debe servir para comunicarnos mejor, pero no para anular nuestra identidad.

STOCCO: ¿Cuáles son tus modelos literarios?

DOBRININ: Por todo lo que te he expresado, no creo en los modelos. Todos los autores que te mencioné son muy buenos para contribuir a la formación de un escritor, pero no me gusta pensar en ellos como modelos. Sería paradójico creer que un escritor que nos impresiona por su originalidad pueda servirnos de modelo. Diría que son amigos que te encuentras a lo largo del camino. Nadie puede servirnos de guía cuando se trata de recorrer nuestros paisajes interiores. Hay algo de viaje iniciático en el camino del artista. Es una aventura personal.

STOCCO: ¿Has pensado alguna vez en escribir una obra más larga que un cuento?
DOBRININ: Sí. Tengo una novela inédita que se llama Onírica, que es una suerte de manifiesto, con algo de novela contracultural y generacional, entre otras cosas, con muchos elementos surrealistas. Y también una novela de fantasy que ya la rescribí como cuatro o cinco veces, pero todavía no me convence. Hace poco empecé a escribirla de nuevo, desde cero. Ahora creo que estoy más cerca de conseguirlo, porque siento que por fin he logrado despertar el alma de la historia. Me gusta, me atrapa el argumento que allí manejo, pero necesito mucho tiempo para dedicarme a ella. Por ahora sigo trabajando en cuentos. Me gustaría poder editar un libro de relatos para este año o el siguiente, así que voy a moverme en ese sentido.

STOCCO: ¿Qué significa la ciencia ficción para ti?

DOBRININ: Bueno, podría recordar una definición de Asimov, de Judith Merril, o de cualquier otro autor, o referirme a las voces de alerta que la ciencia ficción ha dado en nuestra sociedad, etc., pero creo que no apunta a eso tu pregunta. Así que voy recordar algo más personal. Hace ya unos cuantos años, en plena calle, me puse a charlar con una persona a la que no había visto más de cuatro o cinco veces. En determinado momento de la conversación descubrimos que teníamos la misma afición: a ambos nos encantaba la ciencia ficción. A la hora de estar hablando me invitó a pasar a su casa, me mostró sus libros, y me reseñó los argumentos de algunas obras que le habían impactado. Yo le hablé también de las obras que me gustaban, y realmente la pasamos muy bien, estuvimos horas charlando sobre otras realidades. Cuando salí de su casa ya era de noche, y el cielo estaba tachonado de estrellas. Era las mismas estrellas del día anterior, pero al contemplarlas en ese momento yo sentí que tenían algo distinto. Por eso me gusta la ciencia ficción, porque ayuda a despertar el sentimiento de la maravilla que duerme en nosotros.

STOCCO: La situación de Uruguay, un país pequeño con apenas tres millones y medio de habitantes, es muy particular, ya que ha desarrollado una identidad cultural muy notable. ¿Qué hacen los escritores uruguayos para diferenciarse, o eso no les importa en absoluto?

DOBRININ: Las diferencias deben surgir naturalmente, inevitablemente, no se pueden inventar, porque de otra manera serían un engaño que no se podría sostener.
Hace un tiempo, alrededor de 1996, tuve la idea de redactar en unos manifiestos mi concepto de “Cabalgar la Locura”, y los agregué luego a mi novela “Onírica”. De forma paralela, y sin saber lo que yo había hecho, mi amigo Bayeto había creado un concepto al que bautizó como “Onirismo Pragmático”. Al cotejarlos, comprendimos que había muchas coincidencias entre ambos conceptos, sin embargo, por una u otra razón, nunca nos sentamos para redactar unos manifiestos que supusieran la síntesis de ambos, lo que tal vez nos hubiera ayudado a tener un poco de publicidad extra. Pero lo importante, es que más allá de los acuerdos, es obvio que ambos estamos haciendo una ciencia ficción o fantasía con una fuerte carga onírica, y repartiéndola por países sudamericanos y europeos. También hay algunas novelas, escritas por gente que ha incursionado en la ciencia ficción, que tienen una importante carga onírica, como Apuntes encontrados en una vieja Cray, de Ana Solari y Guía para un universo, de Natalia Mardero. También podemos contar algunos cuentos de gente como Ramiro Sanchíz, Pablo Rodríguez y Rosa González. O sea que efectivamente hay algo en el aire. De manera que podríamos decir que —aunque hay de todo por estos lados— lo más representativo de Uruguay es algo que al menos provisoriamente podríamos llamar: “ ciencia ficción onírica”.

STOCCO: Conectado con lo anterior o como una misma pregunta: ¿ha desarrollado el Uruguay una literatura fantástica con rasgos propios?

DOBRININ: Sí, aunque lógicamente se trata de un proceso. Es algo que nunca termina, y eso es lo interesante. Entre 1868-1869 Isidore Ducasse, nacido en Montevideo en 1846, y conocido como “el Conde de Lautréamont”, escribía sus célebres Cantos de Maldoror. Fue una verdadera bomba de tiempo. Tuvieron que pasar muchos años para que los surrealistas franceses, en el período de entre guerras, liderados por André Breton, redescubrieran esta joyita, que aún hoy sigue inspirando a mucha gente. No es exactamente narrativa, pero por momentos parece contar cierta historia. Es una obra de una poética salvaje. Es en cierto sentido inclasificable, Rubén Darío calificó a su autor como “raro”, término que aún se utiliza en Uruguay. Los surrealistas por su parte vieron en los Cantos un antecedente formidable de todo lo que iban a hacer ellos después. “Todo está ahí” decía el propio Breton. A mí también me ha impactado, desde luego. Recuerdo que hace unos años yo escribía en una revista uruguaya de ciencia ficción, surrealismo y otros temas: “Lautréamont... No importa que la idiotez haya secuestrado tu arte, la poesía respira por las heridas. Tú despreciaste la altanería del maestro y construiste la gramática del deseo. Domador de monstruos, jinete de la locura. Con tu voz oscura como los sueños del primer río del mundo, nos guiaste hacia las puertas... Aún hoy, la noche mira a través de tus ojos”. Pueden tener la certeza de que esa misma admiración que yo sentía y siento por Lautréamont, es compartida por muchos escritores en Uruguay. Y actualmente en mi país, ningún crítico se atrevería a negar el valor de los Cantos. Pero en su momento no fue apreciado, como era de suponerse.

Luego vendría Horacio Quiroga, con cuentos realistas, pero alternando con algunos relatos fantásticos, y hasta una novela corta de ciencia ficción como “El Hombre artificial”. Pero no hubo una continuidad en otros escritores, algo que permitiera pensar en ese momento que se estaba gestando un proceso en la ciencia ficción o siquiera en la literatura fantástica uruguaya. Pero Quiroga fue importantísimo en otro sentido. Si Lautréamont puede representar el paradigma de una poética inagotable, que nos invita a saltar al vacío, Quiroga encarna el método y la mesura. Tras beber en los cuentistas clásicos como Poe, Kipling, etc, Quiroga desarrolla en su famoso “Decálogo del perfecto cuentista” (y también en sus cuentos más logrados) algo que podría ser interpretado como una síntesis de las “verdades” que se hoy en día se enseñan en los talleres literarios. Para algunos críticos, como Rómulo Cosse, el realismo hegemónico comienza a trastocarse a partir de 1940, como una respuesta a los cambios sociales. El realismo persiste, pero comienza a desarrollarse una tendencia rupturista en expansión. Allí —entre los que cultivaron con mayor o menor asiduidad lo fantástico— tenemos a autores como Felisberto Hernández, Armonía Somers, Mario Levrero, Tarik Carson, Héctor Galmés, etc. Los cambios no son sólo temáticos, sino también estilísticos. Tenemos entonces variantes estructurales y sintácticas, alternancia de narradores, falta de certezas, una ruptura del realismo, de las explicaciones racionales, un manejo más libre del lenguaje, intertextualidad, etc. De alguna manera, el modelo de sociedad armónica se resquebraja a partir de las guerras mundiales, y de la crisis de valores, como sucedió en el resto del mundo, y esa ruptura, esa distancia que se toma respecto a la confianza en el progreso, se traslada también a la literatura. Esto sucede no solamente con los escritores que se acercaron a lo fantástico, sino también con el resto. De hecho, y para ser más exactos, esa ruptura del realismo hegemónico, comienza para muchos en 1939, con la aparición de “El pozo” de Onetti. En Uruguay específicamente, entre esos cambios sociales que se reflejan en la literatura, habría que considerar la crisis económica que se inicia a partir de los años cincuenta y la dictadura militar que va del 73 al 85.

Mi opinión personal es que la literatura uruguaya de ficción se ha construido a partir de estos dos paradigmas: Lautréamont-Quiroga. Aunque vale la pena recordar que los Cantos de Maldoror no es exactamente narrativa, y se ha dicho mil veces que es una obra que se resiste a todo intento de clasificación, pero ha Precisamente, por su condición de “plasma disolvente influido en los narradores. “ como la calificó Breton, es que constituye un paradigma. El paradigma Quiroga persiste lo más campante, el paradigma Lautréamont cobra más fuerza a partir de 1940, pero como era lógico esperar, entre ambos se desarrolla un diálogo permanente. Los escritores uruguayos han tenido entonces la maravillosa posibilidad de desplazarse alternativamente de uno a otro paradigma, teniendo la certeza de que ambos son considerados literatura. Por otra parte, en Uruguay, el género no realista, a veces dividido por los estudiosos en “raro”, “maravilloso”, o “fantástico”, no fue sistemáticamente negado por la crítica, como pudo haber ocurrido en otros países. Simplemente era visto como literatura. Nunca hubo colecciones que le pusieran etiquetas a la ficción, separándola en ciencia ficción, fantástico, o lo que fuera. De hecho, palabras como ciencia ficción o fantasy, apenas eran mencionadas. Con el tiempo vendría después el desarrollo de la ciencia ficción. Aquí ya nos encontramos con autores como Carlos María Federici o Gabriel Mainero, verdaderos pioneros en ese sentido. Ya sobre ellos pesa otro tipo de influencias, la de autores como Asimov, Clarke, Bradbury, etc. Vale decir, están muy lejos del paradigma Lautréamont. Federici y Mainero, parecen escribir a partir de la ciencia ficción, sobre todo anglosajona, y no de la sociedad que los rodea. El cuento más conocido de Federici, “Primera necesidad”, publicado en multitud de antologías internacionales, no transcurre en Montevideo, sino en... Nueva York! Esto ocurre al principio, porque después, el propio Federici se animará a colocar un héroe latinoamericano en un cuento como “El Nexo de Maeterlinck”, si bien el suyo es un país inventado: “Maraguay”. Más decidido, Mainero, con su relato “El plumero”, propondrá su idea de “ciencia ficción nativista”, basada en el empleo de mitos locales. Estos dos autores tienen además otro concepto del relato, distinto a la literatura fantástica que surge después de 1940. No se cierran sobre si mismos, en cuentos introspectivos o en meros planteos de situaciones, se preocupan de contar una historia, en desarrollar una acción, por eso asumen una escritura más lineal. Y lógicamente también recurren al repertorio de temas e iconos de la ciencia ficción. Eso es lo que les permite conectarse con la corriente general del género, apareciendo en antologías de distintos países, o en revistas de España o Italia. Eso no quita que un autor como Levrero, precisamente por su originalidad, haya sido invitado a participar en varias antologías de ciencia ficción, con un cuento divertidísimo como “Caza de Conejos” que puede ser cualquier cosa menos realismo o ciencia ficción. Volviendo a Federici y Mainero, hay que decir que para ellos, fue particularmente importante la revista española Nueva Dimensión, aunque hubo muchas otras. Federici comenzó a publicar en ella a partir del número 3.

Si bien por un lado la falta de etiquetas fue positiva desde el momento en que no marginaba a los autores, por otro lado fue perjudicial a la hora de intentar comercializar y difundir sus obras. Por eso fue necesario que los autores se proyectasen hacia afuera, creándose la paradoja de que a veces eran más conocidos en el exterior que en su propio país. Un escritor extraordinario como Tarik Carson, fue en Argentina redescubierto como autor de ciencia ficción. Lo interesante, es que Carson es un autor distinto, que arrastra otro tipo de influencias. Según sus propias palabras, recién en 1984 conoce a los autores que “florecieron a partir de Hugo Gernsback”. La ciencia ficción de este autor, más que preocuparse de los cambios tecnológicos, hace una extrapolación crítica y sarcástica de la sociedad actual. Bueno, decía que estos autores —Federici, Mainero y Carson— pueden ser considerados los pioneros de la ciencia ficción uruguaya. ¿Qué pasó después, cuál fue el siguiente paso? Después de la dictadura militar uruguaya (1973-1985), surge un intento natural por expresarse, lo que provoca un gran empuje de revistas y publicaciones de todo tipo, generalmente políticas. Entre esas publicaciones surge la primera revista uruguaya de ciencia ficción: “Diaspar” (1988 a 1995). Tenemos a autores como Roberto Bayeto, Pablo Rodríguez, Claudio Pastrana, Héctor Álvarez, Ramiro Sanchíz, Rosa González, Cristina Chagas, y yo mismo. Esta publicación duró sólo tres números, pero fue muy germinal, por los cientos de reuniones que se realizaron, y a partir de ahí, algunos de estos autores se lanzaron a publicar en mercados extranjeros.

Hoy en día hay autores uruguayos publicando en Axxón, como Tatiana Carsen o Enrique Castillo, entre otros; algunos de ellos radicados en Argentina. Y queda feo que me mencione a mí mismo, pero actualmente, los que más estamos publicando fuera de Uruguay somos Bayeto y yo. Diría que lo nuestro se podría definir, como adelantaba, con el rótulo de “ ciencia ficción onírica”. Una ciencia ficción también con ingredientes míticos y antropológicos, y capaz de contemplar variantes estructurales y estilísticas. Entre los temas menciono: la búsqueda de conocimiento, la alienidad, la muerte, la crítica social, las realidades múltiples, la evolución, el arte, etc. A menudo, presentamos también imágenes no precisamente realistas de Montevideo o Uruguay. Y el paradigma Lautréamont vuelve así a presentarse, aunque enriquecido con los conceptos de “Cabalgar la Locura” y el “Onirismo Pragmático”.

STOCCO: ¿Cómo ves los intentos de difusión de la literatura fantástica a nivel continental y mundial desde la perspectiva de un país como Uruguay?

DOBRININ: Creo que no hay quejarse. Hoy más que nunca es hora de trabajar. Las publicaciones electrónicas dan unas posibilidades que antes no había. Luego, una vez que estas publicaciones logren un gran número de lectores, podrán lanzarse a la edición en papel. A punto de comenzar ese proceso está la propia Axxón, según tengo entendido.

En estos momentos, Axxón está a la cabeza de todas las publicaciones a nivel incluso mundial, porque no existe ninguna revista que publique tanto material de ficción y de ensayo, de una cantidad tan importante de países. Y es bueno que así sea, porque la gente que dirige esta revista, pone el acento en la calidad literaria de los textos, y no en la pertenencia a tal o cual género.

El hecho de que Carson haya podido expresarse en revistas de ciencia ficción argentina, habla muy bien de dichas publicaciones, porque demuestran su apertura mental. Son capaces de acoger, sin ningún complejo de culpa, a autores que no siguen los pasos de los escritores anglosajones, cosa que no ocurre en otros sitios. Yo creo que esto sucede, por la sencilla razón de que en Argentina, también en Uruguay, digamos entonces en el río de la Plata, existieron autores que cultivaron una literatura fantástica de una extraordinaria calidad: Quiroga, Borges, Cortázar, Bioy Casares, Felisberto Hernández, y Levrero, por sólo mencionar a los más importantes, que actuaron como espejos para el resto de los escritores. Y también porque existen críticos literarios e investigadores especializados en lo fantástico, de un nivel excelente, gente como Pablo Capanna, Elvio Gandolfo y Sergio Gaut vel Hartman, entre otros. Algunos publicaban mucho en “El Péndulo”, una revista que fue considerada por el especialista Sam J. Lundwall, como la mejor revista de ciencia ficción del mundo. Esas cosas no suceden por casualidad.

Lo importante entonces, para el desarrollo no sólo de las literaturas nacionales, sino también de las regionales o continentales, es que existan buenos escritores, y que además se pueda contar con críticos e historiadores que apuntalen esos procesos. El papel de la crítica no debe subestimarse. A veces se plantea la dicotomía escritor-crítico, afirmando que los segundos son escritores frustrados. Eso es una tontería que se derrumba tan pronto caemos en la cuenta que existieron escritores notables que también realizaron trabajos críticos, caso de Borges o Cortázar, por sólo mencionar a dos de los más importantes. Y además, los críticos no deben ser necesariamente torpes, ya hemos visto que los hay de un nivel excelente.

Ya me cansé de esperar que los editores de mi país hagan algo al respecto. Así que la alternativa que veo es hacer en un futuro una revista electrónica y también seguir apuntando al exterior. Hay un puñado muy interesante de escritores que se ha apartado del género por falta de motivación y de oportunidades, y me consta que algo similar ocurre en otros sitios. Pienso que con una publicación digital los tendríamos a todos de nuevo, y podríamos darle oportunidades a los nuevos escritores. Por lo pronto, estoy tratando de convencer a algunos autores de que no se queden tan estáticos, y comprueben por ellos mismos que “ahí afuera” hay un mundo dispuesto a recibirlos. También es fundamental hacer vínculos entre asociaciones, revistas y países; realizar proyectos conjuntos, etc. Las posibilidades que brinda internet me entusiasman mucho.

Hoy en día, hay una cantidad interesantísima de escritores, no sólo en América latina y Europa, sino también en otras regiones del globo. Y por lo que sucede con Axxón, que ya ha llegado a los cinco millones de visitas, es obvio que también hay mucha gente que se interesa en este tipo de literatura. Creo que ha llegado la hora de aprovechar el momento excepcional que estamos viviendo para la cultura, y conseguir que todas esas fuerzas dispersas se cristalicen en proyectos concretos. Tengo algunas ideas al respecto, que sería bueno cotejar con la de otras personas. Pero es un tema tan amplio que sería mejor tratar en otro momento.


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Estrella del porvenir
Escribir ciencia ficción en Cuba

Entrevista con Yoss

STOCCO: Tú eres cubano. ¿En tu país la ciencia ficción es vista como evasión de la realidad o como una literatura comprometida con lo social?

YOSS: ¿No te parecería una respuesta conciliadora y evasiva si te digo que de ambas formas? En Cuba, por mucho tiempo la ciencia ficción fue una literatura de la que la cultural oficial desconfiaba, porque a veces describía futuros no tan luminosos ni tan comunistas como los de la propaganda oficial del Partido Comunista, sino sombríos y pesimistas. Esos funcionarios que tanto criticaban como escapista a la ciencia ficción perdían de vista el hecho de que una de las funciones sociales de este género es justamente advertir, para que esos futuros hipotéticos no se conviertan en reales.

Por otro lado, siempre se vio a cierto tipo de ciencia ficción como una manera de hacer publicidad a las bondades de la sociedad perfecta del futuro, el comunismo desarrollado, y en esa tónica se publicó mucha y muy optimista, pero literariamente pésima ciencia ficción.

Y ni que decir tiene que en estos tiempos especialmente convulsos que vive ahora Cuba, tras la caída del socialismo real europeo, hablar de futuros cercanos, una de las corrientes más relevantes de la ciencia ficción en los últimos años, resulta bastante aventurado para un autor cubano del género. No se trata de que se ejerza una censura directa sobre una historia que, por ejemplo, plantee en el 2066 una Cuba siendo Estado Libre Asociado de EUA… sino que los propios autores rara vez se atreven a siquiera considerar posibilidades tan poco “revolucionarias” como esa. Más bien, autocensura.

STOCCO: ¿Qué dificultad encuentra un escritor cubano que desea expresarse utilizando la ciencia ficción?

YOSS: Bueno, creo que ya arriba te hablé de una, o de dos en una: censura y autocensura. Y también está el pequeño problema de que los jurados, críticos y escritores “serios” o del mainstream, y a menudo estas tres clases de personas son las mismas, siguen considerando a la ciencia ficción una especie de parienta pobre. Una obra de ciencia ficción nunca puede aspirar a ser premiada compitiendo con otras de realismo, ni si no es en un concurso específicamente dedicado al género, por muy literariamente perfecta que sea. Y rara vez se publica CF sino en colecciones especializadas…

O, sea, más o menos los mismos problemas que enfrenta un escritor de ciencia ficción en cualquier país: fuera de las colecciones temáticas, sus probabilidades de publicar son mínimas. Lo malo es que mientras que en otros países están, existen, y venden miles de ejemplares a un público fiel, como el sello Urania en Italia, en Cuba actualmente no hay una verdadera colección dedicada a la ciencia ficción, y aunque nuestros lectores la piden, como la industria cubana del libro no se guía por consideraciones de mercado o comerciales, la ley de la oferta y la demanda nada tiene que ver con las decisiones de cuál libro publicar. Y entonces siempre hay una novela de realismo o un libro político más importante que una novela de ciencia ficción.

STOCCO: ¿Qué relación existe con los modelos norteamericanos, si existe tal relación?

YOSS: Me gusta la space opera, así que obviamente tengo una gran influencia de muchos autores anglosajones, pues no son sólo norteamericanos: Alfred Bester, Frederic Pohl Robert Heinlein y Larry Niven, pero también Brian Aldiss y Michael Moorcock. Incluso de autores australianos como David Brin. Pero también de autores rusos y polacos, como los hermanos Strugatsky y Stanislaw Lem. Creo que los escritores cubanos de ciencia ficción tuvimos el privilegio de poder beber de ambas fuentes, del sentido de la “garra” narrativa anglosajona y su desbordante imaginación, y a la vez de la profunda preocupación ética y humanista de los autores del antiguo campo socialista. Sazona esa mezcla con un poco de humor criollo y obtendrás casi la fórmula de la mejor ciencia ficción cubana.

STOCCO: Entiendo que los escritores latinoamericanos que cultivan el fantástico se mantienen unidos en defensa de su propia unidad cultural. ¿Cómo se vincula esto con la potencia y la vecindad del modelo cultural norteamericano?

YOSS: Considero que esa unión es más bien un pacto entre naciones débiles que una crítica al estilo anglosajón de escribir ciencia ficción. Ellos son los que la inventaron, de algún modo, y aún son quienes mejor la escriben. Mucho tiene que ver con la potencia y el chovinismo de sus editoriales, que si no escribes en inglés no te publican. Y se escribe mucha ciencia ficción en otros idiomas: no sólo en el español iberoamericano, sino también en francés, alemán, italiano, portugués y japonés. Una literatura que escapa a la percepción de la mayoría de los fans anglosajones del género, precisamente por la ceguera y la falta de “espíritu de aventura” de sus editoriales.

Los latinoamericanos, por otro lado, y probablemente el idioma común tenga mucho que ver en eso, nos sentimos todos parte de una gran familia, eso es cierto. Pero creo que si alguna editorial grande, como la Doubleday o la Random House, por ejemplo, empezara a publicar ciencia ficción de autores latinoamericanos, esa unión que tan monolítica parece se vendría abajo muy pronto.
Disculpa si te sueno un poco cínico, pero considero que el de escribir es un asunto solitario, una carrera entre individuos y no entre equipos: uno puede, mientras aún es una promesa por publicar, hablar de movimientos, de corrientes, de autores malditos, cerrar filas con otros rechazados por la gran maquinaria editorial anglosajona… pero cuando tus obras empiezan a venderse, no te sientes traidor ni culpable por ello. Tú lo has logrado, los otros no. Y la solidaridad no tiene nada que ver ahí… se trata de mejorar tus propias marcas, vender más, escribir mejor, y si los otros no lo logran, pues qué pena. Aunque no por eso dejen de ser tus amigos.

STOCCO: Tu estilo no desdeña la aventura. ¿En quién te inspiras, cuáles son tus modelos literarios?

YOSS: Para no repetir respuestas, los que te mencioné anteriormente. Y súmale a esos Dan Simmons, Greg Bear, Vernor Vinge, Poul Anderson y un largo etc. de cultivadores de la mejor space opera. Pero también a autores rusos bastante desconocidos para el lector anglosajón, como Anatoli Dneiprov, Sever Gansovsky, Víctor Kolupaiev, Olga Larionova, los Abramov y unos cuentos más. A cubanos como Agustín de Rojas y Gregorio Ortega. A un italiano, Valerio Evangelisti, con su serie del inquisidor Eimerich.

Pero además, incluye en ese recuento de influencias a los clásicos mundiales de la aventura, aunque no sea ciencia ficción. Verne y Salgari, para empezar. Sabatini, Shellabarger, Anthony Hope, James Oliver Curnwood, Jack London, James Fenimore Cooper, Ernest Hemingway. Clásicos anglosajones como Sherwood Anderson, J. D. Sallinger, Scott Fitzgerald, Erskine Caldwell, Norman Mailer, Truman Capote, Brian Easton Ellis y Douglas Aaron Copland. Sin olvidar una lista que podría volverse interminable de autores de best sellers y technothrillers: Stephen King, Frederic Forsyth, Tom Clancy. Y no te olvides de los clásicos estilistas de la lengua española, sobre todo los del boom latinoamericano: Mario Vargas Llosa, Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Julio Cortazar.

En fin, que leo mucho, y no sólo ciencia ficción, y trato de tomar de cada autor lo mejor sin creerme que mi estilo es perfecto, acabado o definitivo. Escribir es un oficio en el que cada año se puede mejorar un poco, si uno no se engaña creyendo que ya lo hace a la perfección.

STOCCO: Ambrotos, que así se llama el extraterrestre protagonista de tu historia publicada en Schegge di Futuro, descubrimos finalmente, traducido del griego significa inmortal. ¿Consideras que este personaje es una metáfora, un símbolo de alguna otra cosa?

YOSS: Obviamente, ya que la ciencia ficción es la literatura de las metáforas por excelencia. Y aunque no me parece bien que un autor hable de su propio cuento, ni mucho menos trate de explicar lo que ya el texto debió dejar claro, quisiera decir que Ambrotos es un símbolo bastante complejo y con varios significados: que algunas cosas que codiciamos no resultan ser lo que esperábamos (la inmortalidad). Que la extrañeza puede estar en nosotros mismos, no en el Universo… pero sobre todo, que por raros que sean los seres que nos encontremos en el espacio, siempre puede encontrarse una base para el entendimiento con ellos.

STOCCO: Ciencia ficción, curiosidad por el extraterrestre, miedo al diferente, denuncia de la intolerancia política y social: ¿cuál de estas ideas resulta más apropiada para interpretar tu cuento?

YOSS: De nuevo tengo que darte una respuesta conciliadora: todos. Aunque la CF engloba las otras tres ideas. Si acaso, podría decir que a la que menos relación consciente le veo con mi historia es a la última… pero sólo consciente. En mi inconsciente ¿quién sabe?

STOCCO: En general hoy se dice: otro mundo es posible. ¿Tu cuento pretende dar a entender que al final no hay demasiadas esperanzas ? ¿Qué dices al respecto?

YOSS: ¿Te parece entonces un cuento pesimista? Tal vez. Mi mensaje podría ser que, si llevamos a las estrellas los mismos problemas y egoísmos que han convertido por miles de años la vida del hombre en un infierno sobre la Tierra, no podemos esperar soluciones mágicas. Aunque, por otro lado, creo que también hay optimismo: a fin de cuentas, el astronauta humano logra entablar amistad con el proscrito alienígena. Supongo al mismo tiempo que ver una historia en términos tan maniqueos como optimista o pesimista es siempre un riesgo del que pocas veces logran escapar críticos, lectores y incluso autores.

STOCCO: ¿Cuáles son tus proyectos literarios para el futuro?

YOSS: En abril de este año en España Ediciones Neverland publica mi novela de CF erótica PLUMA DE LEON, que también debería aparecer en Cuba sobre noviembre o diciembre. Estoy esperando respuesta de la editorial francesa L´atalante sobre dos novelas que envié para que fuesen evaluadas en su colección de CF, y sigo enviando cada año una obra al Premio UPC de novela corta de CF en Barcelona, y un cuento al Alberto Magno, que son los certámenes más importantes del género en español. En ambos he logrado menciones… sigo yendo a por los premios grandes.

Mis proyectos futuros, en fin, se reducen a escribir. Escribir cada vez más y mejor, publicar todo lo que pueda, ganar premios, publicar más, seguir viviendo de lo que escribo como hago hace 12 años, y si es posible vivir más desahogadamente, que uno tampoco es un monje de clausura ni un estoico, y los libros de CF cuestan caros.

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Cuando el metahumano es incluso frágil
Encuentro con la ciencia ficción del Cono Sur

Entrevista con Luis Saavedra

STOCCO: ¿Por qué has aceptado ser parte de Schegge di Futuro, una antología publicada como e-book y destinada al público italiano?

SAAVEDRA: No hay ninguna en especial. Era la posibilidad que me brindó gentilmente Gianluca Turconi —a quien no hubiera llegado sin intermedio de Sergio Gaut vel Hartman— y la aproveché. Es mi primera traducción, más excepcional para mí que no soy un escritor prolífico.

Creo que hay un nicho para mí en la memoria de los lectores, no solamente italianos. Hoy en día la ciencia ficción se ha concentrado en la búsqueda de una originalidad a ultranza y tramas tan gigantescas que deslindan con lo cósmico. Yo prefiero deslizarme un poco por fuera —por supuesto, sin saltarme el sentido de la maravilla— e involucrarme más con las emociones y sensaciones que los eventos generan. Puede que incluso me olvide de la premisa de ciencia ficción, pero terminaré siempre llevando a los personajes fuera de sí mismos por efecto de eventos fantásticos. Eso es lo que me interesa más, no la opción tecnológica, no un desliz cuántico, sino lo emocional que se vuelven los caracteres. Hay quien la llama intimista y estoy de acuerdo, lo que escribo cae por ahí.

STOCCO: ¿Qué conoces de la ciencia ficción italiana?

SAAVEDRA: Es una asignatura pendiente para mí. Sólo recuerdo a Lino Aldani de mis lecturas de más joven. Creo que en la colección Nebulae o la revista Nueva Dimensión. Durante los 1990’s me llegaban noticias de Valerio Evangelisti y su saga sobre el inquisidor Eymerich. Pero a eso se resume mi contacto con la ciencia ficción literaria italiana. Ahora, buscando en Internet llegué a un comentario de La Perla alla fine del mondo, de Luca Masali, que despertó mi interés. El comentarista la ponía por las nubes y se quejaba de que no fuera traducida al español. En otro sitio encontré que sí lo estaba, tengo que conseguirla. El problema es que la ciencia ficción anglosajona es omnipresente, y el mercado editorial tan despiadado, que las obras nativas tienen pocas oportunidades de salir en su propio país, y ni hablar de una traducción en otro idioma.

Por otra parte, sí me acuerdo de una tonelada de películas de ciencia ficción italianas de los años 1980’s que eran psicotronía pura. Con argumentos excesivos y estrellas de segunda categoría, los directores hacían maravillas de la entretención. Me acuerdo claramente de L’Umanoide, Star Crash, Il Mondo di Yor, I Nuovi Barbari, Holocaust 2000. Pero hay dos que son joyas y las recuerdo mucho. Una es Terrore nello Spazio, de Mario Bava, que supuestamente inspiró a Alien, el Octavo Pasajero, con esa inquietante escena del ciclópeo cadáver en el planeta “abandonado”, además de las atmosféricas escenas de la niebla reptando hacia las víctimas. Y La Decima Vittima, con Marcelo Mastroianni y una Ursula Andrés en estado de gracia, que además está basada en el cuento de Robert Sheckley, la Séptima Víctima; era comedia, crítica social, suspenso, una película inteligente y rápida sobre una sociedad aburrida hasta el hartazgo.

STOCCO: Tu cuento “Ol’fairies bar” por momentos privilegia un estilo muy directo y crudo. ¿Cómo te sientes escribiendo sobre sexo y violencia?

SAAVEDRA: El sexo y la violencia están muy ligados. Ambos se complementan tan espantosamente bien que uno se pregunta si no será ésa la forma de la creación. Eros y Tanatos son generadores de una energía primigenia, antagonistas y equiparables, en precario equilibrio en la psiquis humana. Las tensiones resultantes se desencadenan con tal intensidad y profundidad que siempre me han fascinado, y quiero conocer el mecanismo exacto que tiene a ciertas mentes mamíferas convertidas en marmitas cerradas a fuego lento. Coincidentemente, todas pertenecen a machos. Ya lo exploró Philip José Farmer en su notable cuento “Hermano hermana”, en donde la violencia sexual del macho es la culpable de las tendencias homicidas de las especies. Aquí y en otros mundos. Sutilmente el cuento también desliza un rol femenino en la violencia, en la forma del deseo y la provocación. Si bien es cierto que el relato tiene imágenes duras, están justificadas. En el relato, el episodio de la muerte de la niña es lo suficientemente sórdido para dar una cuchillada emocional al lector, en contrapunto con las otras dos líneas narrativas, mucho más calmas. Le da una imagen que pueda quedar en la retina. Hay también una intención de demostrar que mientras compartamos un noventa por ciento del código genético, siempre estaremos a merced de nuestros impulsos, seamos o no mejores. Los códigos morales no vienen con las nuevas características humanas, el legado salvaje sí.

STOCCO: Los metahumanos están en el centro del cuento que se publicó en Schegge di Futuro. ¿Realmente piensas que nos estamos moviendo hacia una evolución de esta naturaleza?

SAAVEDRA: En realidad, mi interés viene por otro derrotero. Cuando niño me aficioné a las revistas de superhéroes y ahora adulto las sigo leyendo. Encuentro en ellos una fantasía desbordada, descarada e insolente que requiere solamente que uno la disfrute. Y en estas dos últimas décadas se ha vuelto tan deliciosamente desarrollada y posmodernista que deberíamos comenzar a considerar obras dignas de programa escolar títulos como Concrete, Planetary, Sandman, y genios a gente como Grant Morrison, Alan Moore y Warren Ellis.

Pero siguiendo el razonamiento de la pregunta creo que sí, podemos llegar a un estadio de evolución artificial en el que adquiriremos una serie de cualidades que hoy atribuimos a superhéroes. Quizás no volar o lanzar rayitos por los ojos, pero sí tener la capacidad de adaptación a cualquier ambiente, tener total control de los procesos de nuestro cuerpo o mejorar el uso de nuestra capacidad cerebral. No es un sueño tan alejado considerando que más de uno dice que el siglo XXI es el de la revolución biotecnológica y la ciencia médica. Ahí mismo, a la vuelta, están los extropianos y el transhumanismo, que dicen que el 2050 será un año definitivo en el que alcanzaremos la inmortalidad a través de la tecnología. Creo que el ser humano puede escapar a puntos críticos de su historia, en el que los factores de autodestrucción son omnipresentes. Creo que el año 2012 nos marcará a fuego y que a partir de allí cimentaremos una nueva sociedad y nuevas reglas para nuestra vida, y ello conllevará a convertirnos en estos seres humanos con nuevos poderes, tanto físicos como existenciales.

STOCCO: Tus metahumanos tienen, por otra parte, preocupaciones y sentimientos muy humanos, ¿no es cierto?

SAAVEDRA: Así es, porque no han dejado de ser humanos y tienen que lidiar con el quehacer cotidiano. También porque los modelos en los que me basé, los personajes de cómic, están expuestos a situaciones extremas en donde arrecian las tormentas emocionales. Si tú lees las tramas de títulos de comic-books como X-Men y JLA te das cuenta que las inseguridades e impulsos sentimentales están a la orden del día, son como telenovelas para adolescentes WASP. Es más, considerando la poca madurez emocional de los personajes podrías incluso considerarlos inferiores al ser humano promedio. Por otra parte, el ambiente y el tratamiento remiten a la novela negra y su larga tradición de personajes fracasados que tienen su segundo de gloria, para luego hundirse en la ignominia. En estas tramas, todos aparentan una imagen brillante cuando en realidad todo se pudre por dentro, y sin embargo, existe una posibilidad de redención al final.

Y resumiendo todo lo anterior. Me interesó explorar lo falible que puede llegar a ser un arma con un grado medio de libre albedrío. Poniendo a personajes que simplemente podían moverse melancólicamente por un escenario que es oropel, y ejecutar una historia más grande. Remitiéndome a diferentes estilos para dar la impresión de una historia coral. Todo dentro de lo que un humano, con poderes o no, puede sufrir.

STOCCO: Si tuvieras que escribir una novela, ¿por dónde elegirías comenzar?

SAAVEDRA: Tengo un proyecto que desarrollé hace muchos años, incluso tiene nombre: El Ruido del Bosque. Debe estar en alguna parte de mi computador, al lado de los cuentos que descargo desde que tengo acceso a la Red. Comienza con el suicidio del oficial científico de una misión en un planeta muy lejano. Tan lejano como el futuro humano que describía, en donde unos pocas mujeres y hombres se conservaban “despiertos”, mientras que el resto prefería ir a segundas y terceras vidas en vastos mundos electrónicos. Segundas porque, aunque no volvían a despertar, conservaban sus cuerpos, y terceras, la opción del pudiente, porque podían replicar su pauta de conciencia completa y destruir el cuerpo físico.

Estando así las cosas, el universo es muy solitario para alguien “despierto”, pero tiene toda una era tecnológica para divertirse, lo que incluye la exploración de la galaxia. A pesar de las maravillas (que creo incluía una pulsar más vieja que el universo mismo y que usaba una secuencia de números primos para sus emisiones), lo que encuentran son planetas deshabitados y civilizaciones muertas, ni una brizna de compañía en ningún lado; es más, todo apunta a que ninguna raza inteligente fue contemporánea de la otra. Cuando una nacía a la conciencia la otra moría. Es un puzzle desolador para quienes se dedican a encontrar vida conciente. A la par, se ha decidido que la humanidad ha tenido suficiente tiranía de la materia y para ello hay un plan de unificación de todas las redes virtuales, la destrucción de todos los cuerpos, y la consiguiente migración de las conciencias, y dejar las decisiones a IAs. Naturalmente, la mayoría de los “despiertos” deciden que no pueden ir ya contra la corriente y vuelven al planeta madre. En este contexto de caos y abandono, el suicidio del científico gatilla la investigación de una mujer, un hombre y la IA de la nave que va desvelando la comprensión del ocaso de la humanidad y que puede significar su supervivencia.

Es más entretenido escribir las premisas que los mismos relatos. Es como hacer un trailer.

STOCCO: ¿Cuál es la situación de la ciencia ficción en Chile?

Es un momento muy interesante en mi país. Ha habido un avance sostenido de la ciencia ficción desde los años ochenta hasta el momento actual, alimentado por nuevas tecnologías como la fotocopia, la impresión más barata y luego la Internet, y ahora es la ebullición de la suma de muchos esfuerzos desperdigados en el tiempo. La aparición de las últimas comunidades como TauZero y zines como Puerto de Escape son reacción directa de cosas tan lejanas en el tiempo como la publicación del fanzine Sagitario en 1971.

En un artículo que escribí para el ezine español Alfa Eridiani parecía tener una panorámica de ciclos y vueltas a la nada, infinitas, en donde la memoria no sobrevivía y cada vez era un reinventar la rueda. Pero estaba equivocado, ahora veo un esquema más complejo e interrelacionado que viene de la aparición de la novela Los Altísimos. Se puede rutear el mapa de la ciencia ficción chilena en un entretenido juego de seis-grados-de-separación entre Hugo Correa y Sebastián Gúmera, por ejemplo. Nunca ha estado muerto el género en Chile, aunque muchos años tampoco se podía decir que estuviese vivo. Es un gran superviviente y hoy en día está a las puertas de una ebullición bastante grande.

En 2005, apareció la mejor novela de ciencia ficción chilena, después de “Alguien mora en el viento”, de Hugo Correa. Ygdrasil, de Jorge Baradit, es una coctelera de imágenes y sensaciones con una identidad tan fuerte y propia que se quedó rondando en las cabezas de los lectores. Baradit vuelve a avalar su calidad al ganar el premio UPC de novela corta el año pasado con “Trinidad”, construida en base al mismo universo, y prepara la segunda parte de la saga de Ygdrasil llamada Atacama. La penetración en España, y una eventual traducción, son inminentes.
Otro autor interesante es Pablo Castro, que ha elegido como campo de operaciones las revistas francófonas, a las cuales ya ha vendido un par de relatos, aunque contaba con una traducción al inglés, en la prestigiosa antología Cosmos Latinos, compilada por Andrea Bell y Yolanda Molina-Gavilán. Su relato aparecido en la antología Utopiae 2004 (Francia), “Reflejos”, postuló a mejor cuento extranjero en el Grand Prix de L’Imaginaire. Pablo es un escritor de escenarios humanos en guerra, todos conflictos entre la te