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| La ciencia ficción japonesa Nakazima Yasutoshi Japón |
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Yasutoshi Nakazima Shizuoka, Japón, 1957. Graduado en Universidad de Kanagawa, Facultad de Lengua Hispana. Se dedica a la publicidad y pertenece a Círculo Tokai SF, un club de aficionados a ciencia ficción en Japón. Ha traducido varios cuentos de ciencia ficción españoles y latinoamericanos para el fanzine “Lunatic” que publica el club. Tiene una página web en la que difunde obras de ciencia ficción japonesa en lengua española en http://plaza.across.or.jp Artículo publicado en Sinergia # 14 La ciencia ficción japonesa #14 |
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| Se
ha dicho que la primera manifestación de literatura fantástica en
Japón es “Taketori Monogatari”
(Historia de un recogedor de bambú), 845~905?, sin embargo, las primeras
historias que se pueden llamar con propiedad de ficción científica
no fueron escritas hasta el período de la restauración Meiji (1868-1912),
que recibieron la influencia de las traducciones de Verne y Wells.
En esta era se escribieron muchos relatos acerca de la ciencia del
futuro y los posibles cambios sociales. La novela que marca un hito
en nuestra tradición y gana muchos lectores para este género literario
es Kaitei Gunkan (Barco
de guerra Submarino, 1900) de Oshikawa Shunrou,
el primer gran ancestro de la ciencia ficción japonesa. Si bien esta
novela oscila entre la incipiente ciencia ficción y el género de aventuras,
marca a muchos otros escritores que a partir de allí orientaron su
obra hacia esta nueva faceta literaria. Entre ellos se destaca Unno Juuza,
el padre de la ciencia ficción japonesa, con obras como Dai 5
Hyougaki (El
Quinto Período Glacial, 1946) y 18 ji no Ongaku yoku (Baño
de música a las 18 horas, 1946). De ahí en adelante la ciencia ficción
japonesa vivió muchas y muy variadas formas de manifestación cultural
y artística. Una de las más destacadas y reconocidas obras a nivel
mundial fue la que en 1951 escribió en forma de “manga” Tezuka Osamu, Atom Taishi (Atom,
el Embajador). Esta obra dio forma a una de las series más populares
de Japón que trascendió a Occidente, donde “Atom”
es conocido como Astroboy. Por su parte,
el autor de la novela original de la famosa película Godzilla,
1954, Kayama Shigeru,
no sólo nos legó este clásico, sino que también escribió muchos relatos
de ciencia ficción. Después de la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo que se introdujeron las traducciones de Asimov, Clarke, Heinlein, Bradbury y de Sheckley por parte de casas editoriales como Muromachi Shobou y Gen Gen Sha, se creó la primera revista especializada en ciencia ficción, “Seiun” (Nebulosa), en 1954, aunque la publicación sólo duró un número. El nombre del premio que otorga la ciencia ficción japonesa es un homenaje a esa revista. En 1957, un grupo de aficionados encabezado por Shibano Takumi (que se convirtió luego en autor y traductor), publicó el primer fanzine (revista editada por aficionados) llamado Uchuujin (Polvo Cósmico). Este fanzine todavía se sigue publicando y hasta la fecha cuenta con 197 números. En 1960, se publicó SF Magazine editado por Fukusima Masami. Los primeros números estaban llenos de traducciones, pero gradualmente añadieron obras escritas por autores japoneses. Estos autores son conocidos como la primera generación de ciencia ficción japonesa. Cada autor tenía sus propias características y aumentaron la profundidad y variedad del género en Japón. Entre ellos se destacan Hoshi Shin’ichi, que escribió cuentos ultra-cortos como por ejemplo “Ooi, Dete kooi” (¿Eh, alguien está ahí?, 1961) y Tsutsui Yasutaka con “Gensou no Mirai” (Futuro de Fantasía, 1968), pleno de sátira y humor. Toyota Aritsune escribió la historia “Mongor no Zankou” (Luces dejadas en Mongor), en 1967. Komatsu Sakyo se refirió al estado de la civilización con “Hateshinaki Nagare no Hate ni” (Al fin de la corriente sin final, 1966). Mayumura Taku describió la tristeza de los hombres en la sociedad del futuro con “Moeru Keisha” (Inclinación ardiente, 1963). Mientras tanto, Hanmura Ryou ha combinado la ciencia ficción y la leyenda en “Musubi no yama Hiroku” (Crónica Secreta de la montaña Musubi, 1973), Mitsuse Ryu evidenció la inestabilidad oriental con “Hyaku oku no Hiru to Sen oku no Yoru” (Mil millones de días y diez mil millones de noches, 1967) y, finalmente, Hirai Kazumasa reveló las oscuridades de los hombres con “Cyborg Blues”, 1974. En 1962, se llevó acabo el primer Congreso de ciencia ficción, la Meg-con. Se puede decir que este evento marca la época y es la apertura de la ciencia ficción moderna en Japón. Resultó ser una buena plataforma para los escritores japoneses que continuaban asombrando con sus obras literarias. Es el caso de Nippon Chinbotsu (El Japón se hunde), de Komatsu Sakyo publicado en 1973, que rápidamente se convirtió en best seller y posibilitó que la ciencia ficción fuera reconocida por el público en general. Esta novela describía el fin de las islas japonesas al colapsar por causa del diastrofismo que en ese entonces era postulado por la geofísica como novedad. Por este tiempo, aparecieron los autores de la segunda generación que crecieron leyendo las obras de la primera. Entre ellos debo destacar a Hori Akira, autor de ciencia ficción dura como lo demuestra su libro Taiyou Fu Kouten (Intersección de viento solar, 1979); Kajio Shinji con cuentos líricos como “Mia he okuru Shinju” (Perlas de regalo para Mia, 1971); Yamada Masaki que confrontó la idea de Dios con los razonamientos científicos en “Kami gari” (Caza de Dios, 1975); el abanderado de la New Wave, Yamano Kouichi, quien escribió X Ressha de Ikou (Vamos en el Tren X, 1965); y, entre otros, Ishikawa Takashi, un crítico de ciencia ficción autor de “SF no Jidai” (La era de ciencia ficción, 1977) y Kawamata Chiaki, que fusionó la aventura con la fantasía en “Hanzaishi no Kagami” (Espejo de Anti-Existente, 1978). El estreno en 1977 de la película StarWars fue un fenómeno que provocó un boom en el campo de la ciencia ficción. Nuevas revistas dedicadas al género fueron publicadas una tras otra. Entre ellas se destacan Kisou Tengai (Ideas Extraordinarias), Starlog, SF Adventure, SF Houseki, SF no Hon (El libro de ciencia ficción), SFism. También empezaron series de anime como Uchuu Senkan Yamato (Crucero Espacial, 1974) y Kidou Senshi Gundam (1979). Desde hacía muchos años la ciencia ficción se había extendido al manga y el anime; sin embargo, es en esta época cuando se consolida definitivamente. En 1975, durante el Congreso de ciencia ficción de ese año, Tsutsui Yasutaka enfatizó la influencia que el manga ejercía sobre el género, exponiéndola en una conferencia titulada “Penetración y difusión de la ciencia ficción”. Por otra parte, de las nuevas revistas seguían naciendo nuevos autores. Es el caso de la revista Kisou Tengai, donde apareció por primera vez Arai Motoko, una chica de 17 años, con un texto titulado “Atashi no naka no…” (Dentro de mí…, 1978), que iba a publicar luego novelas de fantasía heroica combinada con artes marciales tales como Majuu gari (Caza de bestias diabólicas, 1983). De la revista SF Adventure nació Tanaka Yoshiki quien retomó el tema de los héroes militares. En SF Houseki, apareció Suga Hiroe a quien le gusta situar sus tramas en un extraño mundo de fantasía construido a partir de ideas científicas como en “Melsas no Shounen” (El muchacho de Melsas, 1991). SF Magazine encontró entre sus mejores colaboradores a Kanbayashi Chouhei, quien explora las relaciones entre hombres, palabras y máquinas en relatos como “Koto-tsubo” (Jarro de palabras, 1994), Oohara Mariko con sus obras de historias futuras como “Alchaic States”, de 1997, y por último a Kusagami Jin, que escribió cuentos cortos llenos de humor como “Kurage no hi” (El día de los medusas, 1988). Se considera que estos autores conforman la tercera generación. Cuando el boom se recalentaba, se extendió la tendencia de llamar ciencia ficción incluso a las novelas generales que contienen elementos fantásticos. Al mismo tiempo, algunos autores de ciencia ficción empezaron a escribir novelas generales y autores del mainstream escribieron con tono fantástico o de ciencia ficción. Poco tiempo después estas tendencias fueron decreciendo en el mundo literario japonés y el boom se extinguió. De todas las revistas que salieron a la luz en esta época, solo quedaron cinco y luego se dejaron de publicar una tras otra, hasta que sólo quedó una: SF Magazine. Así entramos en “el invierno de la ciencia ficción” en Japón, porque ya no se vendía nada que perteneciera a este género. Fue necesario esperar hasta 1997, cuando una revista de crítica literaria llamada Hon no Zasshi (Revista de Libros) publicó el artículo “Todos los títulos de ciencia ficción de estos últimos diez años son basura”, para que se produjera una sacudida destinada a despertar a los japoneses amantes del género. Este artículo desató discusiones en el mundo de la ciencia ficción japonesa, que se expresaron a través de las páginas de SF Magazine y muchos fanzines y BBS. Este episodio apuntaló el movimiento y animó a los escritores; fue un mensaje para la ciencia ficción japonesa y una incitación a romper con la situación de estancamiento en la que se encontraba. Por este tiempo, se hicieron populares novelas de horror como Parasite Eve, de 1995, que obtuvo el Premio de Novela de Horror, de Sena Hideaki y Ring, escrita entre 1991 y 1995, de Suzuki Kouji, que paradójicamente contribuyeron al resurgimiento de la ciencia ficción japonesa. Las antologías que a partir de 1998 compiló Inoue Masahiko, Igyou Collection (Colección de Formas Distintas), contenían cuentos de horror bastante atípicos y entre estos, algunos títulos de ciencia ficción como “Criaturas extraterrestres” y “Las noches de los robots” que fueron bien recibidos por los lectores. Kadokawa Haruki, ex-presidente de Kadokawa Shoten, una de las editoriales más importantes, fue arrestado por contrabando de cocaína en 1994. Sin embargo, cuando recuperó la libertad, fundó una nueva editorial, Kadokawa Haruki Jimusho, y comenzó a publicar obras de ciencia ficción de nuevos autores y, al mismo tiempo, republicó las obras de autores pertenecientes a la primera generación que ya eran difíciles de obtener. Esto fue una bocanada de aire fresco para el género. Por otra parte, se inauguraron premios que buscan nuevos talentos, como Premio Autor Nuevo y Premio Komatsu Sakyo. Gracias a esto surgió Taniguchi Hiroki, con “Dog Fight”, 2001, Yoshikawa Ryoutarou, con “Perrault the Cat no Zen shigoto” (Todos los trabajos de Perrault the Cat)”, 2001, Hiraya Yoshiki con “Eli, Eli”, 2000. Hayakawa Shobou publicó una colección nueva, Hayakawa SF Series J Collection, donde se prestó atención a los autores jóvenes que hicieron su debut después de 1990, las promesas de la ciencia ficción japonesa. Esta colección tuvo mucha aceptación y de allí han salido casi todos los candidatos para el premio Seiun. Por otra parte, las revistas se revitalizan, aunque ahora son trimestrales; “Starlog” empezó a publicar de nuevo y se fundó SF Japan de Tokuma Shoten, que publica a los autores japoneses contemporáneos. Podemos decir, con seguridad, que hemos escapado completamente al “invierno de la ciencia ficción”. ... Versión en castellano del autor |
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